lunes, mayo 23, 2022

La mordida

¡Me han mordido, me han mordido!  –gritaba paralizado de dolor el Presidente sujetándose por la muñeca, con su mano izquierda, el antebrazo derecho ensangrentado.

¡Han mordido al Presidente, han mordido al Presidente!  -se escuchaba como un eco el grito desesperado de los guardaespaldas corriendo en auxilio de la honorable víctima.

El calor de la mañana resultaba asfixiante y el Presidente había acudido al acto programado en camisa de manga corta y sin corbata. En la secuencia de imágenes del video cedido a la TV por un aficionado presente durante el paseo presidencial, puede apreciarse sin lugar a error cómo, en un momento dado, al extender el Presidente el brazo para estrechar las numerosas manos que el público enfervorizado de su partido le ofrecía, alguien o algo agazapado en segunda línea, entre la multitud, parecía asirse fugazmente al antebrazo desnudo del político durante breves segundos. Por mucho que a los angustiosos lamentos del Presidente los guardaespaldas acudieran raudos y veloces y se internaran a empujones entre el gentío, no lograrían descubrir al agresor por cuanto el pánico ya había cundido con celeridad y la multitud, a la vista de tanta sangre, se alejaba a toda prisa de la escena del suceso hacia un lugar más seguro.

En un principio se barajó la posibilidad de que la sombra fugaz que aparecía en el video pudiera corresponder a la cabeza de algún gran perro propiedad de cualquiera de los asistentes al evento pero una vez en la Unidad Móvil del SAMUR, los facultativos pudieron comprobar que se trataba de una profunda mordida de carácter humano. No obstante, al presidente se le administraría inmediatamente y como medida preventiva una vacuna antitetánica, otra antirrábica y una tercera anti VIH siendo luego trasladado a la UCI del Hospital más próximo.

De inmediato, la policía abriría una ardua investigación para tratar de esclarecer los hechos y detener cuanto antes al culpable. No sería difícil encontrar en aquel villorrio de provincia algún sospechoso de haber llevado a cabo tan ridículo atentado doméstico. La policía local puso a disposición de la criminal la ficha de un sin techo conocido durante muchos años en todo el barrio por el nombre de Pepito, alias “El Mordelón”, quién durante su época más convulsa recurría siempre a su extraordinaria dentadura y fuerza maxilar para deshacerse de sus adversarios a mordiscos en las numerosas peleas callejeras que mantuvo hasta su madurez en los bajos fondos. El personaje en cuestión no dispuso nunca de domicilio fijo, pero tras las primeras averiguaciones policiales quedaría completamente descartada su participación en la terrible agresión, al descubrirse que desde hacía ya un largo periodo de tiempo había sido acogido y auxiliado por Los Hermanos de la Cruz Blanca, ya sin cabello del que presumir ni dentadura con la que defenderse.

Las causas más probables de esta peculiar agresión a un político habría que buscarlas, según los asesores del presidente, en el seno de una sociedad con un alto riesgo de exclusión social que continúa siendo maltratada por la actual situación política y económica del país y que ha llevado a un amplio sector de la misma a prescindir de lo esencial, cuando no de lo básico, hasta llegar a tomar la terrible decisión de hacer un exclusivo uso de lo único que aún les queda para la defensa: la fuerza de sus mandíbulas y su certera dentellada.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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