La culpa no la tiene el cerdo

La situación y el futuro de Cataluña no está sólo en manos de los políticos de turno

Aquella pareja de cerdos ibéricos, tomaron la sabia decisión de subastar al mejor postor sus dos patas traseras y tratar así de asegurarse hasta su muerte una vida placentera en el campo, procurada a base de suculentas bellotas frescas antes de que sus extremidades pasaran a ser curadas, con denominación de origen, colgadas durante un tiempo preciso de un conocido secadero de Extremadura. Luego aquel extraordinario producto pasaría a formar parte de la gastronomía nacional sin que nadie se acordara ya de ellos ni de sus nombres, pero su excelente contribución a la elaboración de un producto genuinamente español les haría sentirse muy satisfechos y orgullosos, incluso después de muertos.

En el futuro y a nivel individual, tampoco nadie en Cataluña se acordará de todo lo que aportaron miles de jóvenes que, de manera pacífica y gratuita, se movilizaron para tratar de alcanzar lo que hoy por hoy continúa siendo una quimera que como todas las quimeras resulta prácticamente inalcanzable. Intentar conseguir lo que honestamente se proponen, les obliga a no subastar absolutamente nada, pero sí a hipotecar, entre otras cosas, su excelsa juventud por una causa de la que han sido convencidos sin miramientos mientras los padres de la patria continúan poniendo a buen recaudo en Suiza el beneficio del tres por ciento obtenido durante su gloriosa presidencia mientras el clan ni siquiera se toma la molestia de movilizarse como hacen todos los demás.

No pretendo crear un paralelismo entre ambas situaciones, pero la primera me parece mucho más dramática por cuanto los cerdos en cuestión no pueden ni tienen la capacidad de elegir su futuro libremente; no depende de ellos, sino que son víctimas involuntarias de la oferta y la demanda del mercado, pero en tal sentido han sabido elegir el mal menor.

La situación y el futuro de Cataluña no está sólo en manos de los políticos de turno sino en la voluntad de esos miles de manifestantes que cada día hipotecan su derecho a ser libres a cambio de nada: ni de estudios, ni de empleo, ni de vivienda y lo que es aún mucho más grave: ni siquiera de futuro. Eso sí, continuarían sin tener derecho a lo descrito anteriormente, pero independientes.

zoilolobo@gmail.com

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