Juventud colectivizada

Me he sentido sorprendido de la docilidad con que la inmensa juventud catalana se está dejando llevar

En realidad, no tengo ni idea de cuanta gente lee mis artículos en Kiosco Insular, pero debo decir en honor a la verdad que algunos catalanes, aunque en tono conciliador, ya se han dirigido a mí a través de mi correo electrónico para disentir en parte de lo publicado ayer bajo el título de “La culpa no la tiene el cerdo”. Lo cierto es que no se han asentido aludidos por el título en sí, sino que divergen en la manera que denuncio la corrupción habida en Cataluña por parte del ex presidente Puyol cuando éste se encontraba al frente de la Generalitat y exigía un óbolo estimado del tres por ciento a aquellas empresas que querían entonces participar en subastas de obras públicas mediante las cuales deseaban también beneficiarse.

Si bien la mayoría de los que a mí se han dirigido admitían aquella solapada corrupción, al mismo tiempo trataban de encubrir tales delitos basándose en la extraordinaria función ejercida entonces por el ahora expresidente en favor de la tan ansiada independencia de Cataluña, de modo que, si lo comparamos, -según han afirmado mis detractores-, con el resto de corrupción habida durante años en el seno del gobierno español, lo del señor Pujol parece ser hoy sólo una minucia ni siquiera digna de ser recordada.

En tal sentido no tengo nada que objetar en cuanto a la proporción corruptiva habida entre Cataluña y el gobierno español que según parece resulta desproporcionada. Lo que yo honestamente planteaba ayer es el hecho de criticar la actitud de una juventud, catalana en su mayoría, que cuando tomé contacto con ella, allá por los años setenta del siglo XX e influenciada por Mayo del 68, ya se revelaba entonces contra la autoridad establecida en el seno de las instituciones, renunciaba a la influencia de la iglesia, exigían libertad de prensa y expresión y planteaban otro tipo de filosofía, basada sobre todo, en el derecho inalienable a la individualidad y a una manera de actuar que, a la sazón, ya rozaba la llamada anarquía relacional como “manera de formar relaciones que no estén sometidas a un conjunto preexistente de categorías (rechazo a las prácticas autoritarias y jerárquicas y fomento de la autogestión), aplicando y adaptando estos principios a los vínculos personales”.

Por tal motivo me he sentido sorprendido de la docilidad con que la inmensa juventud catalana se está dejando llevar por la iniciativa de unos pocos que, para que no se crean manipulados como en realidad lo están siendo, les conceden gratuitamente esa aparente parcela que algunos creen de libertad para crear el caos en calles y plazas, en virtud de lo que parecería ser una estrategia legitimada, simplemente anárquica e individualizada, cuando los que acumulan alguna experiencia como tengo yo ahora, sabemos que sólo se trata de una manipulación torticera de la voluntad popular, ajena por parte de los dirigentes asentados como siempre en el poder y quienes deciden lo que han de decir y hacer miles de personas para que parezcan ser más felices todavía, si cabe.

zoilolobo@gmail.com

NOTA DE LA REDACCIÓN

  • Kiosco Insular, Zoilo López y la Libertad de Expresión.

Nuestro medio de provincias, como les gusta a los españoles de la metrópoli llamarnos, se distingue por ejercer la Libertad de Expresión y no censurar ninguna opinión. Desde estas líneas queremos apoyar a nuestro apreciado colaborador Zoilo López que siempre se ha distinguido, aún en sus críticas más ácidas, por su exquisita caballerosidad.

Gracias Zoilo.

Equipo de Redacción

 

  • ¡Gracias a vosotros! sobre todo por la oportunidad que me concedéis de expresar mis opiniones pública y libremente en un modesto diario con el que me identifico plenamente y que, en mi opinión, cumple con todos los requisitos que se exige a un medio de comunicación.
    Continuaré a vuestro lado. Atentamente, Zoilo López

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