domingo, julio 25, 2021

Joe Biden

Por tal de no invadir un espacio del que todavía no parecía haberse apropiado, Joe Biden ni siquiera braceaba al caminar. Sus brazos, a lo largo del cuerpo, mientras andaba por los brillantes pasillos de la cumbre, apenas se movían. Quizá por miedo a resbalar sobre el suelo recién encerado. Eso hacía que sus pasitos fueran precisamente tan cortitos que parecía no poder llegar nunca a tiempo; ni siquiera a una reunión de tal importancia como la última celebrada en la sede de la OTAN en Bruselas, tratando de alejarse lo más posible de Pedro Sánchez a quién ni siquiera miraba cuando parecía deslizarse próximo a él por ese trozo de pasillo que, al parecer, dio para mucho en tan corto espacio de tiempo, pero no tanto como para esperar una caída del americano. Por cada cinco pasitos que daba Biden, al presidente del gobierno español, sin embargo, sólo le bastaba con una zancada para seguir a su altura y, en este sentido, podría decirse que le sacaría mucha ventaja en caso de una hipotética negociación que, por lo que luego se vio, nunca tuvo lugar.

Se ha escrito mucho sobre lo que hayan podido haber hablado entre ellos mientras caminaban, pero no ha quedado nada claro, ni siquiera, si llegaron a escucharse el uno al otro porque entre las mascarillas, el idioma, la celeridad de sus cortos pasitos sin compromiso, nadie creyó que el presidente de USA haya tenido el menor interés en haber prometido nada que hubiera resultado ventajoso para nuestro país.

En cualquier caso. Joe Biden no pareció estar a la altura que se espera de un mandatario como el que se supone debe mediar en el concierto mundial. En tal sentido, cabría destacar, sin embargo y pese a todo, la extrema elegancia con la que el presidente del gobierno español trató de ocultar el fracaso de intentar un breve diálogo con un perfecto maleducado nacido en Pensilvania.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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