jueves, octubre 28, 2021
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Insulto a la razón

Cuando doblamos la esquina de la razón cotidiana, nos encontramos de golpe con la desagradable sorpresa de una panorámica política que en nada se corresponde con la realidad que vive nuestro país. Y es que el esperpento parlamentario que contemplamos a diario supera con creces la realidad que nos circunda y de la que todo el mundo se queja excepto los actores que continúan ejerciendo su rol a la perfección, esperando, para colmo, ser aplaudidos por todos y cada uno de nosotros por tragarnos la ficción que continúan representando a diario.

No resulta nada baladí el eco de los últimas investigaciones llevadas a cabo por ese colectivo llamado con razón, Pandora, y de las que, al parecer, sólo nos hemos enterado los ciudadanos de a pié, mientras que nuestra Hacienda Pública ignoraba por completo que la famosa cajita de la tal Pandora, contenía lo que contenía; es decir, la razón por la que nuestro país continúa todavía tan empobrecido, mientras reyes, políticos, deportistas, artistas, anónimos prohombres de negocios, etc., etc., se parapetan de tal manera que, en proporción, los ciudadanos llamados de a pié, cotizamos mucho más que ese puñado de privilegiados del que se nutren las sociedades llamadas offshore desde sus paraísos fiscales.

Los ciudadanos ya están cansados de ese insulto gratuito a la razón. Cualquier gobierno y, sobre todo, socialista, debería concederle mucho más respeto a la llamada opinión pública y hacerse eco de los problemas domésticos que se derivan de la evasión de capitales y el lucro que sólo unos pocos obtienen y que, además, lo tienen todo.

¿Y qué decir de esas descomunales puertas giratorias? Franquearlas sólo les está permitido a la ya desacreditada clase política a quién se le concede la última oportunidad de enriquecerse a costa, prácticamente, del erario público. Mientras tanto, nosotros los ciudadanos continuamos alimentando la esperanza y la confianza en nuestros representantes y en consecuencia asistimos responsables a votar a pesar de haber sido previamente engañados con las promesas en las campañas electorales que nunca llegarán a cumplirse del todo. Y a eso es a lo que deberíamos seguir acostumbrados; a ser del todo engañados o a dejarnos engañar a propósito con tal de soportar el ridículo que significa creer en una clase política que se apodera de nuestro futuro con un derecho y una facilidad que ninguno de nosotros le ha proporcionado sin, por lo menos, recibir a cambio un premio justo por nuestra presumible inocencia.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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