jueves, octubre 28, 2021
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Extrema derecha

Una, Grande y Libre no fue precisamente la España que yo conocí en mi juventud, pero la frase, acuñada por el Caudillo, nos persiguió durante décadas mientras simpatizantes de Falange nos vigilaban bien de cerca para que no incurriéramos en el error de acudir a manifestaciones en las que se nos pudiera ocurrir reclamar derechos y libertades cuestionadas siempre por el régimen.

La bandera bicolor, roja y gualda con la camisa que tu bordaste en rojo ayer, se han paseado el pasado fin de semana alegremente por el centro de Madrid, en una provocadora manifestación contra los derechos conquistados por el colectivo LGTBI a lo largo de nuestra democracia.

La chulería supuestamente española es aquella que siempre ha figurado en los manuales de unas juventudes franquistas que se creen muy por encima del resto por el simple hecho de haberse formado gracias a unos postulados arbitrarios que hicieron de España un país retrógrado, obligatoriamente católico hasta extremos tan delicados como los de sufrir por parte de la Iglesia una drástica censura que obligaba a mantener la boca cerrada si querías conservar la dentadura. Graciosamente se decía  entre los jóvenes intransigentes que muy poca gente, sobre todo los antifranquistas, solían por entonces acudir al odontólogo porque como no se podía abrir la boca, resultaba mucho más doloroso que el dentista te extrajera la muela por el ano.

Afortunadamente hoy, todo el mundo tiene derecho a opinar, a reclamar y a defender sus propios derechos en los marcos que se establecen tanto en la Ley como en la Constitución. Sin embargo, en la noticia sobre el particular difundida por la televisión, pude escuchar a un energúmeno manifestante acusar, a alguien que no pude ver, de no ser español porque, a su juicio, no era blanco.

En mi modesta opinión, el aludido no sería español por ser negro sino porque posiblemente habría nacido en Camerún, por poner sólo un ejemplo.

En el caso de que, casualmente hubiera sido sueco, desde luego que no sería español por ser mucho más blanco que él, sino por haber nacido, por ejemplo, en Lund (Suecia).

De manera que algunos españolitos como él, se consideran blancos por no ser tan negros como los africanos y por eso cabe advertirles que tampoco somos tan blancos como puedan serlo los suecos, por ejemplo.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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