Educación inglesa

La catedral de San Pablo (Saint Paul's Cathedral) es la sede de la diócesis anglicana y del obispo de Londres. Considerada uno de los iconos británicos/©kioscoinsular.com-Jesús Pérez.

La familia real española se encuentra a punto de enviar a la primogénita y futura reina de España a cursar el bachiller a Inglaterra, en un momento tan delicado como el que genera la pandemia para el alumnado general de todos y cada uno de los colegios y universidades españolas. Por ello cuesta creer que lo hayan decidido simplemente por precaución, porque la nueva cepa británica de la Covid-19 no resulta mucho menos de temer.

Descartando que haya sido por esa razón concreta o por cualquier otra, los muy monárquicos podrían también plantearse, e incluso lamentarse, de la irresponsabilidad que para los padres de doña Leonor significa haber tomado la inquietante determinación de enviarla a cursar sus estudios  a un lugar de igual o mayor riesgo aún del que pudiera correr en nuestro propio país, pudiéndosele exigir por tanto a los culpables que, por el bien de la niña, desistan de tan precipitada decisión en favor de preservar a cualquier precio el futuro de la monarquía parlamentaria en España.

Se ha especulado mucho sobre el costo que significa para las arcas públicas españolas la educación adulta de la princesa de Asturias, pero independientemente de que cualquiera pueda sentirse republicano o monárquico, los padres en general son libres de enviar a estudiar a sus hijos donde les plazca y, en este caso concreto, los gastos que al parecer originan los estudios de la infanta, se encuentran incluidos en el peculio que la familia real en particular recibe del estado. Si por el contrario, fuéramos una república, por ejemplo, parece más que obvio que cada familia tendría que costear los estudios de sus hijos con el fruto y el sudor de su propio trabajo, sobre todo en el hipotético caso de que no existiera para entonces en nuestro país una educación gratuita garantizada para todos y cada uno de los españoles.

De manera que lo de menos habría de ser el hecho mismo de que la niña optara por estudiar o no en el Reino Unido, sino tener que admitir que una determinada familia, a pesar de que lo contemple nuestra Constitución, pueda vivir holgadamente a costa de los impuestos que estamos todos obligados a pagar para sostener, entre otros muchos, los gastos que se desprenden del mantenimiento de la Casa Real.

A los monárquicos siempre les quedará el grato consuelo de que el gasto que generan los estudios de doña Leonor, supondrán simplemente una inversión a largo plazo que les permitirá en el futuro contar con el fortalecimiento que hoy necesita la debilitada monarquía en nuestro país.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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