Donal Trump, víctima de Pfizer

Para todos aquellos contagiados que aún permanecen en las UCIS y para todos aquellos otros que estén aún por hacerlo, el anuncio ofrecido por la multinacional Pfizer podría hacerles sufrir además de una descomunal desazón, también una gran congoja agravada tras el hecho de conocer la tardanza con la que la vacuna pretende salir al mercado y el tiempo que aún media en recibir el tratamiento adecuado durante un estado tan crítico como en el que se encuentran algunos en estos momentos.

Lo razonable, a mi modesto entender, es que la vacuna en cuestión, una vez ya en el mercado, se administre antes de que el paciente pueda ser contagiado por el virus. Después de que ésta sea inoculada a toda la población española, sólo cabría ocuparse de los enfermos ingresados en los hospitales y residencias, lo que facilitaría mucho las cosas a la Sanidad Pública. Desde luego que estos millones de unidades de antídoto que se prevén cuesta dinero al Erario Público; sin embargo, cabe suponer que el ahorro conseguido será muy superior a lo invertido hasta ahora en desafortunados paliativos que han incidido de manera tan alarmante en la economía de todos los países afectados por la pandemia, incluido el nuestro. La eficacia de la vacuna obtenida por los laboratorios Pfizer, va mucho más allá del rechazo al virus. De manera indirecta también se aprovecharían los múltiples negocios que se han visto obligados a paralizar su actividad diaria, sobre todo en un país como España, cuya economía, en gran parte, depende del sector servicios.

Agencias de viajes, compañías aéreas, turismo en general, grandes superficies, restaurantes, bares, etc., volverían a lo que entendemos por normalidad y, todo ello, gracias a una substancia almacenada en un diminuto recipiente inyectable para cada uno de los habitantes del globo terráqueo.

La economía mundial ha estado preferentemente pendiente de ese diminuto frasquito, cuyo contenido se ha obtenido mediante una fórmula determinada en el interior de un luminoso laboratorio americano y que, casualmente, ha coincidido con la derrota electoral del presidente americano más inquietante del siglo XXI, del que muy pocos esperaban una nueva victoria, merced a su prepotencia demostrada a lo largo de su mandato y la fragilidad con la que abordaba su política exterior cargada de un racismo exacerbado que le condujo a mantener el menosprecio que ha sentido siempre por los afroamericanos y mejicanos en especial.

La vacuna por salir al mercado no sólo habrá derrotado al virus, sino que habrá acabado también con la espesa inmunidad presidencial de la que gozaba aquel hombre de más de cien kilos de peso que ninguneaba la mortalidad del Covid-19 mientras en las calles de su país moría también la gente a tiros de forma indiscriminada.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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