miércoles, diciembre 1, 2021

Cuba

Como aficionado que siempre fui a la música, los primeros ecos que llegaron a mi memoria de la existencia de una isla en el Caribe, fueron a través de las ondulantes canciones de Antonio Machín, cuando yo apenas contaba unos pocos años, pero también he de hacer coincidir en el tiempo la amistad que le unía a mis padres con mamá Julia, una siempre risueña señora cubana afincada en La Cuesta y casada con un afilador gallego del que enviudaría algo más tarde y con el que llegó a tener doce hijos, la mayoría amigos míos. Por entonces yo ya empezaba a leer la prensa que le llegaba de Cuba (Granma) y a conocer los derroteros por los que discurría la revolución llevada a cabo por Castro y que después de unos siete años de lucha, culminaría con el derrocamiento del dictador Fulgencio Batista en el año 1959. Por entonces, yo sólo contaba trece años y en España llevábamos sufriendo ya veinte de dictadura.

“De Cuba traigo un cantar hecho de palma y de sol 

Cantar de la vida nueva y del trabajo creador”

Otra vez la música me llevaría de nuevo hasta Cuba de la mano del popular compositor Carlos Puebla, hasta que, algo más tarde, mi gran amigo Luis Santacreu me aproximaría a las excelencias musicales de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, por quienes siento todavía un profundo respeto como compositores e intérpretes, indistintamente.

Muchos de los jóvenes españoles de entonces nos pronunciábamos, en petit comité, en favor de la revolución cubana por cuanto se habían sacudido de encima y con éxito a un dictador, especialmente colocado allí por la administración estadounidense, mientras aquí, en España, no encontrábamos todavía la fórmula para librarnos del general Franco.

Esta corriente de simpatía juvenil por figuras como Castro y Guevara, se acrecentaría más tarde merced a lo que supuso para nuestros intereses políticos, el inminente bloqueo que USA practicaría contra la isla y que daría lugar posteriormente al origen del serio conflicto diplomático que propiciaría el asentamiento de los misiles rusos y que como resultado activaría la invasión americana de la Bahía de Cochinos bajo la administración de Kennedy.

Me duele Cuba por muchas razones que quizás no vengan ahora al caso, pero me fastidia pensar que de la misma forma que los americanos se inventaron la excusa del Maine para acabar con la colonia española de la que nunca me sentí especialmente dichoso por mi absoluto desprecio por los imperios, la nueva administración americana del presidente Biden haya podido intervenir en la opinión pública de su población como para provocar, en su propio beneficio, el conflicto en el que los cubanos se debaten hoy en favor de su libertad. Compromiso por otro lado del todo justificado, habida cuenta del empeño en tratar de acabar con los medios a su alcance con un régimen cubano que se antoja haya podido quedar desfasado frente a los tiempos que corren, pero del que, sin embargo, dudo mucho de que pueda mejorar lo suficiente sus condiciones como para evitar quedar a merced del mundo capitalista que amenaza desde enfrente, no se sabe con qué intenciones, y que se abre a sólo unas pocos millas de sus paradisiacas costas.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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