Cuanto más insistes en la repercusión que a la larga las luchas internas de los distintos partidos inciden en tu vida cotidiana, mucho más se acrecientan tus dudas sobre la idoneidad de fomentar la confrontación en beneficio de tus propios intereses, sean estos económicos o filosóficos. Conducirnos pensando en que en todos lados se cuecen habas no soluciona por si sólo el problema, que no es otro que el de la insolencia, la confrontación, el odio y el egoísmo implícito en desear en que todo partido ajeno, tenga dificultades tan graves para las que sólo nosotros disponemos de la panacea.
Pablo Casado se debate entre la vida y la muerte política por culpa de la intromisión de Ayuso en los supuestos intereses del PP en pretender alcanzar en un futuro muy próximo la presidencia del Gobierno de la nación, mientras que el Partido Socialista depende de sus socios de gobierno para llevar a cabo lo que Sánchez considera imprescindible para perpetuarse en el poder.
Mientras cada uno de ellos no resuelva sus discrepancias internas, parece ridículo establecer retos de partido en una confrontación cuerpo a cuerpo en la que cada contendiente sólo presume de confirmar los problemas que afectan a su adversario de manera recíproca. De modo que, tanto uno como otro y como represalia, sólo encuentra soluciones a las dificultades por las que atraviesa su contrincante, pero no a las propias.
Y así continuamos a lo largo de toda esta legislatura. Una vez los trapos sucios de cada uno de los partidos en liza se hayan lavado en sus respectivas sedes, es cuando sobrará tiempo para determinar que mejor política social poner a disposición de todos aquellos que acudimos a votar en consecuencia y tomar la decisión que más nos convenga en virtud de la oferta de sus programas electorales.
Si la habilidad política tuviera que medirse exclusivamente por estos parcos parámetros de comportamiento ya descritos, no cabe la menor duda de que aún nos encontramos bastante lejos de considerarnos unos verdaderos estrategas respecto de lo que significa la vocación parlamentaria en la consecución de objetivos de carácter social que complazca a la gran mayoría de la clase trabajadora y empresarial y que permita alcanzar los niveles de bienestar y confort al que todos los ciudadanos tenemos derecho en una sociedad moderna del siglo XXI.
zoilolobo@gmail.com
Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes
