viernes, junio 25, 2021
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Con la verdad por delante

Estoy cansado de oír cómo, en ciertos programas de televisión, los invitados, refiriéndose a un hecho concreto sobre el que discrepan airadamente, suelen acusarse unos a otros de que su testimonio  se sostiene en virtud de “su verdad” en lugar de afirmar que sólo obedece a la opinión personal que mantienen cada unos de ellos.  Por tal motivo, en ciertos platós se dan a menudo cita la “verdad manifiesta de uno”, en contra de la “verdad manifiesta de otro” sin tener en cuenta que la verdad sólo consiste en todo aquello que se puede demostrar.

Sobre la VERDAD con mayúscula se han dicho ya muchas cosas; como por ejemplo que: verdad no hay más que una, o que se pilla antes a un cojo que a un mentiroso, o que con la verdad se va a cualquier parte, o verdades como puños, o siempre con la verdad por delante e, incluso, que era tan mentiroso que cuando decía una verdad se ruborizaba. Y ya para terminar y como escribiera el poeta Ramón de Campoamor: “Y es que en el mundo traidor, nada hay verdad ni mentira: todo es según el color del cristal con que se mira”

Con respecto a la tan discutida verdad habría que distinguir entre la opinión que nos merece un hecho concreto demostrado y el punto de vista con el que lo valoramos desde nuestra propia perspectiva. Para ello podría poner sólo un sencillo ejemplo que, en la mayoría de los casos, los tertulianos televisivos no tienen en absoluto en cuenta y que, sin embargo, ilustra muy bien el asunto al que me he venido refiriendo a la vez que, también, pone de manifiesto la interpretación personal que nos hacemos sobre la realidad que se nos presenta.

Imaginemos que el ciudadano “A” se halla en el interior de una iglesia y que el ciudadano “B” se encuentra en el exterior de la misma. Otro ciudadano al que llamaremos “C” accede al interior de la iglesia desde el exterior siendo visto por el ciudadano “B”.

El ciudadano “A” también ve como entra a la iglesia el ciudadano “C”.

Tanto el ciudadano “A” como el “B” coincidirían luego que “C”, efectivamente, ha entrado a la iglesia, pero lo que en realidad ha hecho “C” respecto del punto de vista de “B” es abandonar la plaza para ocupar desde el punto de vista de “A” su mismo espacio.

Conclusiones:

1º.- “A” y “B” coinciden en la misma opinión de que “C” a entrado en la Iglesia.

2ª.- “B” desconoce lo que ha hecho “C” en el interior (confesar, comulgar, rezar, etc.) pero “A” sí que lo sabe porque lo ha visto.

3º.- “A” desconoce lo que ha hecho “C” una vez fuera (comprar un helado, dar una limosna o tomar el sol), cosa que sólo sabe “B”.

La única verdad indiscutible es que ambos, “A” y “B”, saben que “C” ha entrado a la iglesia. En todo lo demás no coincidirán en absoluto; será la palabra del uno contra la del otro.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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