Casa cuartel

Por lo menos antes, y cuando digo antes me refiero a la época de la dictadura, el sentimiento que prevalecía entre la mayoría de ciudadanos españoles a la vista de la Guardia Civil no parecía ser aquel que, precisamente, moviera a lo que siempre hemos entendido por respeto ante su estoica presencia, sino, simple y llanamente a lo que todavía hoy  se entiende por miedo. Es decir: miedo nunca ha sido sinónimo de respeto. Sinónimo de miedo es temor, por ejemplo, y la Benemérita desprendía esa condición fácil de asociar a su violenta represión contra las clases más necesitadas, lo que le valdría una reputación muy difícil de justificar. Las relaciones de convivencia entre la Guardia Civil y la etnia gitana, por citar sólo un ejemplo, es de todos conocidas.

Llegados hasta este punto, cabe preguntarse si el carácter de Instituto Armado del que disfrutaba el Cuerpo, formaría parte de esa sibilina estrategia de estrecha vigilancia sobre la población civil, al calor de la colaboración manifiesta prestada a la dictadura del general Franco, siempre empeñado en mantener la Ley y el Orden por encima de cualquier otra alternativa al respecto.

Según establece la Constitución pero que a juicio de muchos no deja del todo claro las funciones de la Benemérita se dice que: “A pesar de ser un Instituto Armado de carácter militar, la Guardia Civil no es integrante de las Fuerzas Armadas, pero con una doble dependencia ministerial”

Habría que remitirse a los años de pos-guerra civil española para tratar de enjuiciar a fondo las características especiales de convivencia entre todos sus miembros, hacinados en la mayoría de los casos, en una especie de falansterios denominados casa cuartel de la Guardia Civil, aislados físicamente del resto de la población de los distintos pueblos de la geografía peninsular y amparados todos ellos por un código de honor interno por el que se regían militarmente con gran disciplina. De manera que las condiciones de sus matrimonios, por ejemplo, reunían unas características muy determinadas que no vienen al caso, así como la educación de sus propios hijos, que solían ser educados en una disciplina castrense y con un cierto aislamiento del resto de niños de su entorno. Pocos amigos que no fueran sus propios compañeros, tenían los números entre los vecinos del pueblo y nadie que no fuera familiar próximo podía entrar en la llamada casa cuartel.

Ha llovido mucho desde entonces y de aquellas anécdotas protagonizadas por guardias civiles de muy poca formación académica, se ha pasado a otra mucho más rigurosa, universitaria incluso, con especialistas en la mayoría de los casos contra todo tipo de fraudes, fechorías en general, que hacen de la Guardia Civil hoy un cuerpo de élite en la lucha contra la delincuencia nacional e internacional, pero ello no debe ser óbice como para que todavía muchos políticos interesados por el control de la población, vengan advirtiendo de la supuesta peligrosidad de la Benemérita cuando amenazan al Gobierno con advertencias como: ¡No se imaginan ustedes contra quienes se están atreviendo!, tratando de recuperar de nuevo aquel miedo atávico que ya la España de hoy día empezaba a sustituir por respeto y que, malogradamente, nos ha retrotraído otra vez más a intentar resucitar el viejo fantasma de aquellos grises años tan aparentemente pacíficos de la posguerra y sin olvidar tampoco aquel tan manido lema de Todo por la Patria.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia y Bellas Artes

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