Desde luego que la pandemia está siendo un problema. Y es verdad que hay que lamentar muchos miles de muertos en todo el mundo, con unos países más castigados que otros porque unos gobiernos han actuado mejor que otros. Pero cuando se supere la pandemia y cuando se logre una vacuna, lo cual sin duda ocurrirá, ¿cómo se reactivará la economía? ¿Cómo se empieza de nuevo? En un país de gente capaz las cosas serán más fáciles, pero en España la política se ha convertido en un ejercicio para imbéciles y para mentirosos. Hay ministros que ni siquiera han pasado por la universidad, ni la estrictamente académica, ni la de la vida, ni siquiera la del sentido común. Mucho arribista y mucho fanático metido a político que ha destrozado el país, empezando por su presidente, un copión de tesis sin categoría para patronear este enorme barco sin rumbo. Le salvan los estómagos agradecidos y otra pandemia: la de los adulones de ciertos medios de comunicación, que reciben descaradamente dinero del Gobierno para convertirse en cantores de la incompetencia. Menos los comunistas y la extrema derecha, que vienen a ser lo mismo y a los que no se les puede pedir mucho más, a mí me da igual quién gobierne en este país, con tal de que lo haga bien. Ha habido improvisación e imprevisión, la segunda a consecuencia de la primera. Y la luz al final del túnel no se ve, porque todavía la cifra de muertos es alta, porque hemos perdido el turismo y porque el sector productivo y no digamos el consumo han caído. Y así no hay quien viva. Empezar de cero, con miedo a una pandemia y con incertidumbre en el gasto, con empresas disminuidas por los ERTE y con una tasa de paro que pronto veremos que se descontrola se hace muy difícil. Ni los más estudiosos de la economía se atreven a predecir qué pasará en España. Sí saben lo que ocurrirá en Alemania: nada; en Francia: pocas cosas; y en el resto de Europa –menos en Italia–: no habrá crisis económica o saldrán de ella muy pronto. Incluso Italia, un país con una industria potente, saldrá de la crisis antes que nosotros. Incluso nuestro vecino Portugal ha timoneado mejor la pandemia que nosotros. Y no hay derecho. Hemos tenido mala suerte de que estuviera en el poder gente sin preparación, más preocupada del “ellos y ellas” que de la sanidad, obsesionada con el feminismo rampante y con un odio a los que piensan de distinta forma que ella que raya en la paranoia. No sé hasta cuándo tendremos que aguantar a esos mentecatos, pero me da que las encuestas no son lo categóricas que debían y tampoco reflejan que existe una situación desesperada. Se ve que la gente es tan idiota que se va a conformar con el regalo por voto que perpetra el comunista Iglesias. Pobre país, tan corto de miras, tan torpe y tan vendido a los demagogos. Parecemos los ratones del Flautista de Hamelin. Una generación perdida, hundida por dos crisis seguidas y una Europa que se tambalea, pero sólo por el sur. El norte queda indemne.
