A lo largo de mi carrera profesional he vivido todo el espectro: desde los inicios más humildes hasta alcanzar metas que parecieron imposibles, siempre con los claroscuros propios de la vida. Hoy miro atrás con una profunda paz interior y elijo enfocarme en los hitos que definieron mi trayectoria y me enseñaron que la vida es demasiado sagrada para el resentimiento.
Pronto se cumplirán 40 años desde que creé la primera compañía aérea por mis propios medios tras ser contratado para ese inmenso menester. Un desafío titánico en el que jamás eché de menos la mano de María y la mano de Jesús guiando cada una de mis decisiones desde que me tomó de su mano siendo un niño.
También hubo un hecho que marcó mi existencia: tuve que enfrentarme a nivel personal a una tragedia aérea, una experiencia que todavía hoy llevo en el corazón. En todas las compañías en las que he estado, jamás he presumido ni he comentado esto, pues sería contrario a la ley de Jesús enorgullecerse de lo que fue un caos absoluto y un profundo dolor. Es una vivencia que guardo en la intimidad y el respeto, y que me enseñó el valor real de la vida.
Por eso, hoy decido perdonar de corazón a todos aquellos que me han hecho daño, a quienes me traicionaron, me abandonaron o a quienes, todavía hoy, siguen hablando a mis espaldas. No les guardo ningún rencor; no tiene sentido si quiero seguir el camino de Jesús. Le pido que nos perdone a todos nosotros.
En su momento, barreras profesionales me llevaron inesperadamente al centro de México, permitiéndome llorar de emoción ante la Virgen de Guadalupe. Hoy, mi mayor anhelo personal es que mis pasos me lleven algún día a Medjugorje como el broche de oro de mi historia.
Miro al futuro con gratitud. Al final del día, el éxito profesional no vale nada si no va acompañado de una profunda fe y paz en el alma. Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
