La vida es una espera constante… ¿o es solo una ilusión?
Esperamos durante mucho tiempo, protegidos en el vientre de nuestra madre, para nacer. Esa es la primera espera.
Después, de niños, esperamos que termine la escuela. Esperamos acabar los estudios. Esperamos encontrar un trabajo. Esperamos tener un hijo. Esperamos el amor eterno… aunque a menudo sea efímero.
Esperamos que amaine el viento, que salga el sol, que se ponga la luna.
Como padres, vivimos esperando que nuestros hijos encuentren su lugar y aprendan a defenderse en la vida. Es un ciclo continuo que, tarde o temprano, nos enfrenta a la espera más dura de todas: la muerte. Una incertidumbre que puede llegar a pesar más que la de un marino atrapado en una tormenta perfecta.
Pero, si lo miramos con perspectiva, esa espera no deja de ser un sentimiento, una vivencia puramente humana.
Porque el tiempo no pasa. El tiempo continúa. No se detiene ni espera a nadie. Es constante y nunca envejece.
Somos nosotros quienes envejecemos mientras esperamos.
Quizá deberíamos dejar de tratar al tiempo como un enemigo que nos obliga a aguardar. El tiempo seguirá su curso de forma imperturbable; lo único que realmente poseemos es la decisión de actuar hoy.
Tomás Cano
