Siempre he creído que hay que hacer las cosas bien en la vida, ya sea en el trabajo o en cualquier ámbito. En mi caso, a pesar de mis errores, siempre he intentado actuar de la manera correcta, sin esperar reconocimiento ni recompensas.
Recuerdo cuando Herminio Gil, en paz descanse, me nombró CEO de Air Madrid. En aviación no todo son momentos intensos; también hay instantes profundamente humanos y reconfortantes para todos nosotros.
Los sábados y domingos acudía al aeropuerto para saludar a los pasajeros en la terminal. Mientras agradecía a algunos por volar con nosotros, encontré a un anciano sentado sobre las maletas junto a su nieto, ambos llorando. Les pregunté qué ocurría y el hombre, emocionado, me contó que no podía llevar al niño porque solo tenía billete de ida, y le exigían ida y vuelta para viajar a Bogotá.
Hablé con la coordinadora mientras intentaba calmar al anciano. Los empleados de la compañía, como siempre, fueron excepcionales: le entregamos el billete de vuelta. Él me dijo que no podía pagarlo y que además tendrían que tomar una guagua hasta su destino final. Una vez más lo tranquilicé, no le cobraríamos nada. Me agaché hacia el niño, le di el dinero que llevaba encima y le dije: “Cuando llegues a Bogotá, no dejes que el abuelo pague la guagua”.
Todavía recuerdo con cariño y afecto las lágrimas del anciano colombiano rodando por su cara.
Esta también es la grandeza de quienes trabajan en un aeropuerto.
Tomás Cano Pascual
Asesor de líneas aéreas
Delegado para Europa de Air Panama
Fundador de Air Europa

