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Cuando el presunto prestigio tropieza con el teclado
Hay personas cuya relevancia pública se gana con años de trabajo, méritos y esfuerzo… y que, sin embargo, parecen empeñadas en arruinarla en apenas 280 caracteres. El caso del “bocazas digital” es paradigmático: alguien con trayectoria, con influencia real, cuya palabra presuntamente tiene peso en su sector… pero que, cada vez que se conecta a las redes sociales, se convierte en un francotirador de opiniones mal medidas, del mal gusto y ordinarias.
No hablamos de la crítica constructiva ni del debate intenso, sino del deseo compulsivo por intervenir en todo, aunque el tema le quede tan lejos como la órbita de Saturno. Y lo hace, además, con un tono que mezcla soberbia, desdén y mucha provocación gratuita. La tragedia es que esta faceta digital no solo daña su imagen, sino también la percepción de la institución que representa.
La frase desafortunada, el sarcasmo mal entendido o el comentario hiriente pueden multiplicarse en minutos, con capturas de pantalla que se vuelven inmortales. Y el problema no es solo lo que dice, sino la actitud: no rectifica, se enroca, y responde a la crítica con más leña al fuego. No importa que borre sus opiniones cuando percibe que ha metido la pata hasta el sobaco, ahí quedó su boñiga asquerosa dando mal olor y muestra de lo que verdaderamente es.
El “bocazas de las redes” no se da cuenta —o no quiere darse cuenta— de que su capital más valioso no es la inmediatez, sino la credibilidad. Que un comentario viral puede dar una efímera sensación de poder, pero la reputación se erosiona con cada publicación innecesaria.
En un mundo donde todos tenemos un micrófono en el bolsillo, los líderes, expertos y figuras públicas deberían recordar que el silencio, a veces, es la mejor estrategia de comunicación. Un buen tuit puede abrir puertas, uno malo puede cerrarlas de golpe… y para siempre.
El “Manual del Bocazas” no tiene en cuenta que dar tu opinión en el momento más inoportuno posible puede ser un lastre, sobre todo si tiene vida pública. Estos tipos prepotentes y chulos son las estrellas fugaces de las redes sociales: brillan mucho, queman rápido y dejan un reguero de cenizas digitales que se convierten rápidamente en basura.
“El Bocazas Digital” es un personaje que llama la atención y no por lo que aporta, es como un repartidor de basura que va de muro en muro, de tuit en tuit, dejando su paquete hediondo mal envuelto de opiniones irrespetuosas pensando que él tiene una verdad absoluta, una verdad que no puede ser cuestionada y aquel que se atreva que ande con ojo porque el bocazas se rebota.
Lo más trágico es que el bocazas digital suele tener un cargo importante o una trayectoria que podría merecer respeto… pero decide jugarse la reputación como quien apuesta las llaves de casa a una mano de póker en plena resaca de anís “El Mono”. –Confucio.
