Decrecentismo

El matemático y economista Georgescu-Roegen es el padre de un movimiento surgido a finales del pasado siglo bajo el nombre de decrecentismo; basado fundamentalmente en abandonar la idea del crecimiento anual que buscan todos los gobiernos. Según esta teoría se debe abandonar la “absurda” idea del crecimiento económico y pensar más en el decrecimiento voluntario; trabajar menos y disfrutar más del tiempo libre.

Para el economista francés Serge Latouche, esta tendencia contiene todos los argumentos para concienciar a la humanidad de la necesidad de decrecer, sobre todo por la escasez de recursos primarios que sostengan el creciente consumo doméstico. Según este mismo economista, en la actualidad sólo se considera rentable el crecimiento “cuando influye positivamente en los recursos naturales, las generaciones venideras y en las condiciones laborales”. El contexto económico en el que vivimos –sigue diciendo– prima exclusivamente el beneficio material, productividad y conseguir más desarrollo y crecimiento. Por lo tanto, la teoría del decrecimiento afecta al nivel social con el objetivo de conseguir el equilibrio entre la producción y el consumo.

Son varias las líneas maestras con las que se argumenta el decrecentismo; redefinir los actuales valores consumistas por valores locales y reestructurar la producción a una nueva escala de valores. La redistribución del poder y la reeducación de la población para disminuir el consumo innecesario y ostentoso. La relocalización de la producción para conseguir un sistema que se limite a producir los indispensable y lo más local posible.

Uno de los puntos en los que hacen hincapié es en “reconceptualizar”; según estos individuos el desarrollo actual sacrifica a nuestra sociedad en beneficio de las grandes multinacionales, en resumen, un cambio de valores para la redistribución de la riqueza.

El reciclaje y la reutilización forman parte de este totum revolutum del decrecentismo. Alargar la vida útil de los productos o evitar el despilfarro es un mantra que repiten y en el que la abrumadora mayoría podríamos estar incluso de acuerdo, el uso de estos argumentos empleados como arma de un discurso político hace que algunos presten atención.

En resumen, la condición fundamental del decrecimiento es reducir en el planeta el impacto de nuestro consumo y la ajustar la producción sólo a lo necesario. La reducción también implica las horas de trabajo que realizaremos y primordialmente consumir reducir el consumo sanitario, el turismo masivo y la exageración del ocio constante mercantilista y consumista.

Los que plantean el decrecimiento lo hacen como solución para mejorar nuestra calidad de vida, trabajar menos y disfrutar más. Al trabajar menos horas habrá un reparto de la riqueza y por ende tendremos más tiempo libre y una mayor felicidad. El aumento del tiempo de ocio está enfocado a emplearlo en la vida social y debe ser un ocio creativo.

Yo prefiero seguir como estoy, todos estos nuevos discursos son adoptados siempre por políticos que lo incluyen en su soflamas presuntamente modernas y sostenibles. La demagogia siempre ha sido un arma de doble filo y en este caso ambas empiezan con la misma letrita, lo dicho, yo prefiero seguir como estoy puesto que los defensores de estas ideas suelen mantenerse al calorcillo de las moquetas y haciendo uso de los recursos oficiales.Confucio.

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