Principio de Arquímedes

Hace sólo unos días, la madre naturaleza dio a luz una hermosa niña de nombre Filomena que al ser bautizada pareció ser la inocente responsable del desbordamiento de la pila bautismal al ser sumergida en ella, causando con su hermosura y volumen todo ese estropicio en forma de agua salida de madre, viento y nieve que ya se contempla en el Principio de Arquímedes y que se conoce con el nombre de empuje hidroestático.

Suerte para los agricultores porque, según ellos, al tratarse de agua bendita se supone que las próximas cosechas podrían beneficiarse de esa particularidad tan especial que le concede la Santa Madre Iglesia, aunque lo cierto es que Filomena no ha tenido al nacer la culpa de que las temperaturas en la superficie de la tierra fueran tan bajas y de que su agua bendita desalojada hubiera mutado sin su consentimiento en suave y delicada nieve que ha terminado por asolar toda la península ibérica con su blanco y espeso manto y afectando de manera muy especial a las comunicaciones por tierra, mar y aire.

No salimos de una para meternos en otra, con la consiguiente alteración de las estrechas medidas de seguridad que se han visto de nuevo violadas por todos aquellos curiosos que en Madrid, por ejemplo, se han concentrado en la calle a fotografiar, jugar, patinar, etc., sin tener en cuenta de que la Covid-19 continúa todavía al acecho, seguramente agazapada en esa maniobra de distracción llevada a cabo y creada por la situación atmosférica para contraatacar de nuevo con más saña aún si cabe.

¿Qué otra circunstancia  que valga cabe sufrir a continuación para considerarnos culpables de todo lo extraordinario que haya de ocurrir a partir de ahora? Muchos hemos dado ya prueba de nuestro sincero arrepentimiento, pero si ello no parece ser todavía suficiente como para que cesen de una vez las calamidades que están por llegar, habremos de depositar toda nuestra confianza en pensar que la buena suerte podría realmente existir y que no tardaría mucho en llegar en nuestro auxilio,  potenciada por esa extraordinaria vacuna que podría ser nuestra única esperanza de salvación.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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