Tiempos modernos

Atrás hemos dejado las buenas costumbres

En una ocasión escuché una entrevista a un consejero de medio ambiente del Cabildo de Tenerife donde se quejaba amargamente del abandono de los terrenos de cultivo y por ende de la falta de limpieza en nuestros campos.

La maleza y las malas hierbas servían, y sirven, de combustible cada vez que se produce un incendio. El peligro para las viviendas próximas es evidente. Decía este señor que se habían dejado atrás las buenas costumbres de limpiar de combustible nuestro entorno y que todo no se podía dejar en manos de la administración.

Hace cuarenta años atrás era habitual ver a los habitantes baldear el exterior de sus viviendas para mantener limpio el entorno. El olor a lejía y zotal en horas de la mañana formaba parte del aroma de pueblos y ciudades.

Quién no recuerda a nuestras abuelas o madres con la escoba de caña barriendo en entorno de sus viviendas y rociando con un cubo para evitar que se levantase polvo durante los cálidos veranos.

Los que vivían en barrios capitalinos ocupaban parte de su tiempo libre en acicalar sus jardines y en mantenerlo limpios, vigilados e incluso si era necesario se entretenían regándolos. Todas esas “buenas costumbres” se han perdido con la excusa: Eso corresponde al ayuntamiento.

Es cierto, parques y jardines, mantenimiento y limpieza es un servicio que debe proporcionar todo municipio a sus ciudadanos con el dinero de sus impuestos; es algo indiscutible y es evidente que genera en las ciudades cierta calidad de vida.

En la península, los pueblos alejados de las grandes urbes mantienen algunas costumbres que son dignas de encomio. En los pueblos nadie espera al vehículo municipal para que retire los inconvenientes que la meteorología pone en las puertas de sus casas.

Palas, tractores y mano de obra están siempre dispuestos para echar una mano solidaria y conseguir quedarse aislados. En los pueblos del interior, sus habitantes se divierten con la nieve…pero también cogen las herramientas a su alcance para evitar quedarse encasquillados por una tormenta.

Probablemente sea esa la gran diferencia entre la gente que vive en armonía con su entorno y los que piensan que detrás de ellos siempre tiene que estar un sanitario, una quitanieves, un policía y que el agua sale del chorro porque abres la llave, que la leche es de una botella de la nevera o que las lechugas están en un blíster.

Con situaciones adversas como las vividas durante 2020 con la crisis sanitaria y ahora con la tormenta Filomena que ha azotado el territorio nacional hemos podido comprobar qué personas tienes dos dedos de frente.

Los ciudadanos españoles no adoctrinados han podido comprobar durante casi un año para lo que sirve tener una Administración estatal eficiente. Sanidad, Fuerzas Armadas, Protección Civil, Voluntarios y muchas personas que se han batido el cobre en beneficio de todos.-Confucio.

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