Cuando la clase política de tu país te decepciona hasta el punto de poner en duda la democracia misma, uno termina por perder toda esperanza de que algo mejore. No que mejore en el futuro porque yo ya, desgraciadamente, me encuentro en el futuro, sino que mejore de inmediato, antes de que las pompas fúnebres empiecen a interesarse por mi estado de salud. De manera que en vista de los derroteros por los que se conducen las supuestas intenciones de mejorar la situación económica de nuestro país, los mayores como yo terminamos por atender otras prioridades de carácter doméstico o personal como, por ejemplo, cortarse las uñas de los pies cada cierto tiempo, rasurarnos una vez por semana o como casi siempre ocurre, salir a la calle simplemente a inspeccionar las obras públicas en la encrucijada más próxima a tu casa hasta que llegue la hora de comer, simulando tener poco apetito o haciéndole creer a tu mujer que te ciñes a una dieta concreta de alimentación cuando la realidad es que no ganamos lo suficiente ni para comer mejor ni más variado.
Por tanto, el criterio no nos sirve absolutamente para otra cosa como no sea para engañarnos a nosotros mismos a cambio de un mínimo indispensable de felicidad. Felicidad basada en el derecho a un estado de bienestar acorde, por lo menos, a lo mucho que hemos venido cotizando hasta el momento de la jubilación.
Que la pandemia que todavía nos asola no nos ofrece una mejor opción para mejorar la situación también es cierto, pero entre corrupciones, mociones de censura, declaraciones de independencia abortadas, monarquía en entredicho y coaliciones en ocasiones contra natura, no parece ser la mejor manera de correr al encuentro del bienestar social que nos merecemos los españoles.
De manera que lo que parece irreversible desde el punto de vista doméstico, es que mientras la clase política no consiga mejorar la maltrecha economía del país, yo tendré que seguir contándome las uñas de los pies cada cierto tiempo, rasurándome una vez por semana o inspeccionando cada día el avance de las obras públicas de mi barrio, además de engañar a las ganas de comer con el subterfugio del seguimiento de una estricta dieta alimenticia por el bien de nuestra salud de jubilados; la de mi mujer y la mía.
zoilolobo@gmail.com
Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

Buen artículo, como nos tienes acostumbradas, pero tal vez y en tu caso, demasiado pesimista. Nos falta sol !!!