Suicidadanos

Ridículo, fin político y extinción

Tirarse a una piscina sin comprobar si tiene agua o no es un peligro evidente, saltarse un stop es una imprudencia, conducir bajo los efectos del alcohol es un delito y una negligencia y pertenecer al partido naranja se ha convertido en un suicidio político.

Las traiciones y las cobardías se pagan muy caro en política. Cuando se ganan unas elecciones se debe tener la suficiente valentía para presentar un proyecto y llevarlo a votación donde corresponda, no podemos estar arrimados siempre al sol que más calienta y salir por patas a la poltrona capitalina.

Cobardía es cuando tienes la posibilidad de gobernar y por avaricia política abocas a un país a unas elecciones, unas nuevas elecciones te pueden condenar a tener que abandonar un liderazgo. Traición es planear mociones para derrocar tu propio gobierno de coalición.

La ambición de poder desmesurado te puede llevar a un suicidio político sin precedentes en la historia de la democracia. Primero fue su líder y ahora quien lo sucedió. Toda ha sido un bluf, una naranja muy hermosa que al partirla hemos visto que está seca.

Es una lástima que tan buenos representantes como tuvieron hayan salido en progresiva desbandada ante una deriva incoherente. Los barcos sin un patronazgo firme están destinados a estrellarse en el primer bajío que encuentren en su aproximación a buen puerto.

Los que alentaron a pescar en este mar revuelto se quejan de los “trasmallos” que ha habido en otros lugares. Estos pescadores se han querido aprovechar y se han quedado con dos palmos de narices y han dejado al descubierto sus nalgas que se las pondrán moradas.

Acusan a las gaviotas de ser tránsfugas cuando son ellos los que tentaban y animaban a la traición e incluso no les importaría verse apoyados por el partido maldito. Está claro que algunos se piensan que todos somos tontos. A buen entendedor… –Confucio.

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