Orfandad

En otras distintas ocasiones ya he comentado la necesidad que todavía sienten muchos españoles de sentirse protegidos por un pater familias que les otorgue la dignidad que no han sabido procurarse por y para sí mismos. Fue el caso del dictador convertido, -gracias al golpe de estado-, en el máximo responsable de los destinos de la mayoría de españoles que confiaron en su paternidad sin escrúpulos, defendida a capa y espada por muchos de sus acólitos y bajo cuya protección, algunos se enriquecieron más de la cuenta.

Otra gran parte de españoles lloran hoy la orfandad más absoluta y el abandono inmisericorde producido por la decisión tomada del rey emérito al autoexiliarse de su querida España, dejando a todos aquellos que se consideraban sus súbditos incondicionales sumidos en la tristeza más absoluta. Pocos cuestionan los supuestos delitos que se le atribuyen y por los que puede ser incluso juzgado porque su potestad como rey que fue parece estar, a juicio de los monárquicos, muy por encima del bien y del mal.

Los españoles nunca hemos sido capaces de creer, cuando no confiar, en nuestras propias capacidades como para tratar de sostener una república que otros muchos ya empiezan a temer que se avecine. Y lo que a esos muchos les resulta aún más fácil es hacernos creer al resto que Juan Carlos no se merece el trato recibido por el gobierno ni por su propio hijo, sobre todo después de aquella intervención suya en la esperpéntica asonada militarista de un nuevo golpe llevada a cabo por el entonces teniente general Tejero que terminaría, y nunca mejor dicho, como el mismísimo “rosario de la aurora”.

De modo y manera que jamás nos hemos podido emancipar adecuadamente de la potestad de figuras que se impusieron por la fuerza a mi generación. En especial la de Franco, considerado por muchos el salvador de la patria y cuyos 25 Años de Paz durante su dictadura nos vimos prácticamente obligados a festejar en honor al dictador. Y como éste, a su muerte, dejara atado y bien atado su discutido testamento político, sumamos también la mala suerte de tener que cargar con el pesado lastre que significaba la monarquía de un Rey educado a imagen y semejanza de los postulados sobre los que descansaba el régimen anterior.

En lugar de alegrarnos de una decisión personal tomada por el rey emérito de abandonar el país una vez saldadas las supuestas cuentas pendientes con la hacienda del estado, los monárquicos no hacen otra cosa que buscar culpables entre la clase política dirigente, al creer que éste es el primer paso a seguir por Podemos para tratar de instaurar una futura república de la que sólo nosotros, los ciudadanos, seríamos los únicos responsables del fracaso de la economía de un país como el nuestro.

Muy pocos creen todavía en la democracia plena, pero ello no es óbice como para que no se intente. Sin tanto paternalismo de cuya potestad hemos sido siempre cómplices cuando no perjudicados. No es necesario recordar que siempre fuimos víctimas, primero de los Borbones y luego del dictador Franco.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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