Ocho de marzo

Cayetana Álvarez de Toledo, marquesa de Casa Grande, pese a lo ampuloso y dimensiones de su título nobiliario y siempre que el viento no sople en contra, resulta más que obvio que puede colarse sin complicación alguna por cualquier resquicio que se proponga por estrecho que este sea. Ello le ha permitido llegar sin dificultad alguna hasta las cocinas de su partido donde, según ella, se cuecen las ideas que manejan los cocineros barones entre fogones, en forma de soflamas políticas que, por su tibieza, no le acaban de convencer del todo. Ella desearía una mayor contundencia en las declaraciones proyectadas a través de los medios de comunicación para tratar así de hacer el mayor daño posible al enemigo, en la misma medida en la que el gobierno de Sánchez se toma ciertas libertades sin contar con el consenso explícito de la oposición.

La última alternativa de no acudir en representación de su partido a la manifestación convocada para el próximo ocho de marzo en comandita con toda la izquierda, la emparenta con aquellos otros que también se resisten públicamente a admitir que el problema de la violencia de género no radica especialmente en la voluntad del hombre en agredir, sino que forma parte de otros muchos distintos matices que Vox pretende demostrar sin alcanzar la aceptación de una mayoría perjudicada hasta ahora por una ley blanda y nada explícita en lo que concierne al execrable delito de violación.

Mientras tanto, la vicesecretaria de Acción Social del Partido Popular, del que también forma parte la ilustre Cayetana, ha declarado en favor de la manifestación que “el problema de la mujer no tiene nada que ver con ideologías”, por lo que su partido acudirá a la cita como tenía previsto desde un principio.

Muy mal lo tiene Cayetana cuando trata de convencernos de que ella, siguiendo los postulados de la escuela de Camille Paglia, se considera a sí misma feminista amazónica. Pero, ¿Adónde vas, Cayetana, con eso peso minúsculo y esa extrema delgadez? Y para colmo, con un pecho amputado para así tensar mejor el arco mientras cabalgas a galope tendido por la pradera de San Isidro en un día soleado de primavera goyesca, tratando de combatir, al caer la noche, en igualdad física que el resto de los hombres que amparados en la tibia oscuridad del Madrid castizo de los Austrias, acechan bien embozados dispuestos a consumar la violación de cualquier hembra que todavía no hubiera tenido la oportunidad de haberse convertido en la amazona que tu presumes ser en la actualidad, pese a que, como digo, careces del peso suficiente y la complexión necesaria para enfrentarte a un enemigo de tales características, por lo que te convendría abordar el tema desde un punto de vista bien diferente; más filosófico que físico, como tal pretende, entre otras muchas mujeres, Irene Montero, a la que tanto desprecias, por ejemplo.

Y con esta reflexión de última hora doy por acabado mi comentario de hoy para que no parezca que la tengo exclusivamente tomada con la señora Cayetana Álvarez de Toledo, Marquesa de Casa Grande, por si fuera poco.

zoilolobo@gmail.com

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