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La Palma y Todoque

Cuesta creer toda la tragedia que todavía continúan sufriendo los habitantes de la isla de La Palma. No ya desde el punto de vista estrictamente geológico y que ya está perfectamente explicado por los expertos vulcanólogos que se encuentran a pie de la catástrofe, sino desde una óptica más espiritual y de conceptos religiosos concretos que chocan frontalmente con la fe de los parroquianos y la realidad de todo lo que está sucediendo en las inmediaciones del volcán.

Hemos podido apreciar malogradamente como el humilde templo de Todoque, levantado en su día a base de un esfuerzo titánico no ya sólo económico sin también físico de todos sus vecinos, era destruido por la arrasadora lengua de lava sin que ésta tuviera en cuenta que se trataba de la Casa del Señor que le plantaba cara aunque sin remedio.

¿Puede uno llegar a seguir siendo creyente cuando nuestro Dios no es capaz ni siquiera de mantener en pie su propia casa a la que cada domingo acuden todos sus fieles? A mí, muchos me han asegurado que la violenta erupción del volcán es cosa del diablo y que lo único que ha conseguido Dios es mantener con vida a todos y cada uno de los damnificados afectados por la tragedia a cambio de entregar su propia casa al fuego eterno a más de mil grados de temperatura que, por lo que se cree, es la misma temperatura que reina en el seno infierno; aunque esto no lo hayan podido certificar todavía los expertos.

Otros me confesaban, aquí en Cataluña, que en dramas como el que se está viviendo estos días en la isla de La Palma, gente como yo, particularmente, tiene siempre la manida tendencia a especular sobre la existencia de Dios, máxime cuando por el lugar no se ha visto aparecer todavía, que yo sepa, a ningún prelado de la Diócesis ni representante oficial alguno de la Iglesia católica a interesarse por el estado de confort de los damnificados.

Bien. A criterio de algunos, la culpa de todo lo grave que está sucediendo en la isla bonita, la han tenido, sobre todo, aquellos otros que durante años han decidido establecerse en un terreno tan volcánico, sin ni siquiera poder predecir las desastrosas consecuencias en las que concurre una necesidad tan perentoria como puede ser la de la vivienda.

De manera que según algunos teólogos urbanos, no deberíamos plantearnos la exigencia de tratar de aceptar o no la existencia de Dios ante una catástrofe como la de Todoque y su entorno, sino no volver a caer en el error de levantar nuestros hogares en unos terrenos tan dejados de la mano del Señor y que nos puede conducir directamente al infierno.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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