Las rapaces son capaces de todo; hasta el punto de arrebatarte por completo el largo pasado que encierra tu propia vivienda desde hace tantos años: documentos, fotos, suvenir, cartas de familiares y amigos, recuerdos, visitas que ya no tendrás, etc., etc. En éstos casos, de todas las rapaces habidas y por haber, son los buitres con sus pretendidos fondos de inversión los que ni siquiera respetan la edad ni el tiempo que lleves viviendo en el barrio de toda tu vida, rodeada de amigos que te echarán de menos por pocos años, dado el tiempo cumplido de tu cabello plateado hasta hoy mismo para ser sacada luego a empujones de un pasado tan longevo por las fuerzas del desorden establecido, siguiendo las instrucciones dictadas por un anónimo juez de guardia que sabe cómo te llamas, dónde vives y qué edad tienes, pero que en realidad, no te conoce absolutamente de nada. Por desgracia, son muchos y muchas en tu misma situación y que, si las autoridades no lo remedian, serán también despojados de parte de su memoria vital para empezar de nuevo en otras muy distintas condiciones a las que pactaron por contrato y que no servirán para nada frente a los llamados fondos buitre para los que no existes.
No es necesario advertir sobre lo que la Constitución dice respecto del derecho a la vivienda digna de los ciudadanos, pero los tres partidos mayoritarios sólo aprovechan el drama que sí reconocen en beneficio propio, pero al que no prestan la atención suficiente como para acabar con las violentas rapaces urbanas que tantas víctimas provocan en la población trabajadora de una Democracia tan erróneamente consolidada como de la que presumen algunos líderes políticos de éste país de forma tan arbitraria.
De manera que si los jóvenes necesitan hipotecar toda una vida para alcanzar algún día el derecho a una vivienda digna, ¿Para qué nos han obligado a nacer sin prever un futuro más halagüeño para nuestros propios intereses?
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Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes
