El Gobierno de Sánchez entra en pánico

Se inventa una cuarentena para los turistas antes de la decisión de Europa y Francia le responde con la misma moneda

Consejo de Ministros./Archivo-Pool Moncloa-Fernando Calvo

Lo que faltaba. El Gobierno de Sánchez entra en pánico y anuncia catorce días de cuarentena para cualquier turista que venga a España, incluida Canarias. Mientras otros destinos rivales, como Turquía, anuncian fórmulas imaginativas (test a los pasajeros resueltos en quince minutos y zonas declaradas libre de coronavirus en el país), e incluso sin esperar a la decisión de la Unión sobre los corredores sanitarios, los compinches de Sánchez se descuelgan con una cuarentena. En justa reciprocidad, el primer país en responder ha sido Francia: no entrará ningún viajero procedente de España sin sufrir la misma e imposible medida. Imposible porque nadie va a venir quince días a España para pasar catorce encerrado. España o llega tarde, como a la hora de tomar medidas contra la pandemia, o demasiado temprano, antes de que Europa comunique su decisión meditada, que además será de obligado cumplimiento si no queremos quedarnos sin turistas para siempre. Las huestes sanchistas están más preocupadas de desprestigiar a los líderes del PP a través de El País (Feijóo) y de otros medios gubernamentales (Ayuso y Almeida) que de dictar normas coherentes que salven in extremis la economía. Un test de coronavirus fiable tiene un costo de 2,5 euros. Fuerteventura ha comprado 50.000 a ese precio. No es descabellado hacer la prueba a cada pasajero que tome un avión en cualquier capital europea y que cada viajero lo haga con garantías de no portar la enfermedad. Esos costos los puede asumir el propio viajero, las compañías aéreas, el Gobierno de Canarias en los vuelos que se dirijan a las islas o el Gobierno de España. Mientras, un sombrío panorama económico se cierne sobre España.  Nissan cierra su planta de fabricación de vehículos en Barcelona. Los hoteles podrían dejar de ingresar un solo euro hasta el mes de julio, en el mejor de los casos. Miles de negocios cerrarán en todo el país, agobiados por la falta de clientes. Quebrarán otros miles de negocios turísticos, desde empresas de alquiler de coches a restaurantes, agencias de viaje y otras compañías de servicios. El pánico se ha adueñado del Gabinete, donde cada uno va a lo suyo. Hasta el gaznápiro de Iglesias, por supuesto, obsesionado con sacarles el dinero a los ricos. Este muchacho o es muy listo o es un incapaz. El sectarismo le viene de familia. Pregunten por su abuelo y por su padre. España es, en este momento, el bufón de Europa, como lo fue la Grecia de Tsipras en su momento; por cierto, su factótum Varoufakis se alía con Correa y con Evo Morales para formar una nueva izquierda radical. Pronto contará con la inestimable colaboración de El Coletas, que allí donde ve un resquicio desestabilizador, allí está él. ¿Y saben por qué están tan callados los independentistas catalanes? No crean que es por los muertos del coronavirus y por su pésima gestión de la pandemia. Es porque Sánchez les ha prometido seguir con la mesa de negociación de su república. ¿O es que acaso lo dudaban? Ya se observan los primeros movimientos y aparecen las primeras noticias en los medios, gubernamentales o no.

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