Nunca ha resultado del todo válido echar mano de aquel refrán castellano que reza: “Cuando el río suena es porque agua lleva” porque aplicado de forma generalizada, -y sobre todo partidista-, estamos dando por cierto algo que, por el momento, sólo se trata de una simple conjetura sin fundamento alguno, sin ni tan siquiera tener en cuenta la profundidad real de su cauce. Algo parecido está sucediendo estos últimos días con los frágiles rumores que circulan en torno al supuesto comportamiento en sus ratos de ocio del que fuera exministro del PSOE, José Luis Ábalos, además de ser también amigo íntimo del presidente del gobierno. Sin embargo, nada ayuda en su favor el profundo silencio que Pedro Sánchez guarda en relación a las afirmaciones vertidas por The Objective y referidas a las actividades en sus horas de asueto del mencionado exministro. Algunos malpensados hablan de que está siendo objeto de fuego amigo desde las mismas entrañas del Partido Socialista, pero nadie puede explicar con que abyectas intenciones han disparado esta vez contra el pianista, o si lo prefieren, contra el apuntador que para el caso es lo mismo. Mientras The Objective continúe sin aportar las pruebas fehacientes que incriminen el supuesto desastroso comportamiento de Ábalos en un Parador de turismo en dónde, siempre según el diario, una de sus habitaciones fue totalmente destrozada y en cuyo interior se encontraron “restos de todo”, el rio continuará su curso previsto hasta su desembocadura en completo silencio, como si nada hubiera ocurrido, con su apacible discurrir a pesar de su gran profundidad.
Anoche, en el programa televisivo Todo es verdad, José Luís Ábalos no tuvo ningún inconveniente en responder a todas y cada una de las preguntas que le formuló Risto Mejide, donde, entre otras muchas cosas, justificaría su voto negativo, emitido por error, al nombramiento del jurista Enrique Arnaldo como magistrado al Tribunal Constitucional. Bien es verdad que Pedro Sánchez, con tal de acabar de una vez por todas con el largo estancamiento en el que había permanecido hasta ayer la renovación del Poder Judicial, haría de tripas corazón y propondría a los suyos una disciplina de partido en relación con el voto favorable al discutido jurista propuesto por el PP. Disciplina de partido que, en última instancia, fue rechazada por once de sus diputados, a sabiendas de que con sólo ciento diez votos a favor, sería más que suficiente; como así sucedería.
Muchos otros partidos, abandonarían descontentos el hemiciclo al considerar que no valía la pena tener que aceptar el menosprecio que significa para la democracia el nombramiento de tan discutido jurista, desde hace tiempo en la órbita del Partido Popular y a quién se le atribuyen algunos delitos de corrupción presumiblemente probados.
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Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes
