miércoles, diciembre 1, 2021
InicioEL RINCÓN DE CONFUCIOConsuma producto local

Consuma producto local

Dedique unos minutos a mirar el etiquetado de los productos

Mi vida profesional no tiene nada que ver con la dietética, ni la salud. No soy comerciante o distribuidor de productos. Procuro comprar en los comercios de mi barrio que a fin de cuentas son los que le dan cierta vida económica y social. La Venta de toda la vida se puede encontrar aún en algunos puntos donde las medianas superficies no las han borrado del mapa.

De valencia o con dinosaurio, con tréboles o sin ellos estos comercios son sucursales –en cierto modo– de las grandes empresas multinacionales que han copado todo el panorama comercial alimentario de Canarias. Los mercados pequeños, del agricultor o municipales nos ofrecen una gama de productos de la tierra verdaderamente apetitosos.

Seguramente a usted le ha pasado de ir “al campo” en algún “continente” y las frutas desde que pierden el frescor y las traslada a su casa ya llegan con otra carita que da pena. Es posible que usted haya comprado una barra de pan por la mañana y al llegar la noche ha podido doblarla y casi hacer un nudo con ella. Tomates insípidos, naranjas que saben a Orange Crush, nectarinas negras…por dentro, ciruelas que sólo tienen de eso el nombre, etc.

Desde hace muchos años la trazabilidad de los productos está legislada por la Unión Europea, si mira con detenimiento el envasado, lo que los pijos llaman packaging, verá que las mandarinas y naranjas no son de valencia sino de Marruecos; las ciruelas no son de La Matanza vienen de Chile; las papas son patatas de Israel y así hasta la saciedad.

Sólo nos preocupamos del etiquetado cuando sucede algo parecido a lo del panga y las consecuencias que tuvo para la salud. Debemos dedicar unos minutos de nuestra compra a leer el etiquetado de los productos y a reflexionar si estamos dispuestos a meternos eso en el cuerpo.

El filósofo y antropólogo alemán Ludwig Feuerbach –a saber cómo se pronuncia– escribió una célebre frase en su libro Enseñanza de la alimentación publicado en el año 1850 que decía: “Si se quiere mejorar al pueblo, en vez de discursos contra los pecados denle mejores alimentos. El hombre es lo que come”. Yo añado: Somos lo que comemos y lo que pensamos.

Mucho tiempo antes ya lo dijo HipócratesSea el alimento tu medicina, y la medicina tu alimento”. Con la globalización y la precariedad económica las grandes potencias económicas no solo se apoderan de nuestra mente, nuestro cuerpo está en sus manos. Este asunto sobre cómo se manipula nuestro sustento es árido y la mayoría pasa ampliamente de preocuparse.

¿Sabía usted que los OGM (Organísmos Genéticamente Modificados) invaden las estanterías de los comercios de alimentación?  Un OGM o transgénico es un producto al que se la ha modificado su cadena de ADN por medio de la tecnología, generando nuevas características que aparentemente no son nocivas para la salud.

Usted compra uvas sin pipas, piñas de millo con los granos todos iguales, cereales perfectos y así con casi todo. Si usted es viejo, como yo, recordará que en las azoteas de nuestros pueblos se ponían a secar las mazorcas –mazarocas– de millo para luego desgranarlas y sembrarlas, pues sepa que con las modificadas genéticamente no se puede. Las semillas son de un solo uso y se obliga al agricultor a estar a expensas de las grandes multinacionales, los granos de millo una vez “activados” sólo permiten una siembra. ¡De locos! –Confucio.

Artículo anteriorCuando el río suena
Artículo siguienteLas Líneas de Nazca (III)
RELATED ARTICLES

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

- Advertisment -spot_img

ÚLTIMAS PUBLICACIONES