El niño jugaba con su viejo avión, por más que lo lanzaba intentando alcanzar el cielo, volaba… pero el avión siempre caía, perdiendo en el intento algunas de sus piezas.
En su soledad el niño jugaba con el avión de forma acompasada y siempre con el mismo deseo que alcanzara el firmamento, hasta que el avión perdió una o sus dos alas.
El niño lloraba de forma entrecortada, porque había perdido su avión y ya no volaba, secándose las lágrimas con las mangas de su camisa, lo arreglaba y volvía a su juego de lanzar nuevamente el avión hasta que caía una vez más, después de un corto vuelo.
Así recuerda hoy el viejo piloto su infancia sentado en un sillón en el trastero de su casa y mirando con ojos acuosos la estantería dónde descansaba su viejo avión, esperando a que otro niño juagara con él e intentara de nuevo alcanzar el cielo.
Tomás Cano Pascual
Asesor de líneas aéreas
Delegado para Europa de Air Panama
Fundador de Air Europa
