Cautiverio

Tendremos ocasión de asistir al campo o a la playa sin necesidad de mascarillas

Este día llegará.

Cuando creamos que todo esto haya ya pasado y oficialmente se pueda por fin interrumpir el confinamiento ¿Seguiremos siendo los mismos o la desconfianza de contagio entre nosotros mantendrá una distancia prudente de socialización?

Eso me preocupa porque no sabremos exactamente cómo comportarnos sin herir susceptibilidades, sobre todo frente a nuestros familiares y amistades más cercanas de las que esperamos novedades, noticias, pormenores, opiniones, etc. En cualquier caso, ya será suficiente motivo de alegría como para celebrarlo sentados en cualquier banco, al sol de mediodía de la primavera que se avecina. Paulatinamente, a lo largo de esa estación floreciente y el próximo verano, dispondremos del tiempo necesario como para estrechar no sólo ese espacio de seguridad obligado por las autoridades sanitarias sino, también, los lazos de amistad que se deshicieron repentinamente durante nuestro duradero, aunque aconsejable cautiverio doméstico. Tendremos también ocasión de asistir al campo o a la playa sin necesidad de mascarillas que eviten el agradable olor del tomillo y el laurel, ni tampoco el del salitre marino desprendiéndose de la superficie del mar. Con las oscuras golondrinas, que poco a poco comenzarán sus nidos a colgar, de nuevo llegarán también los primeros atrevidos turistas y parte de la economía de nuestro país volverá a recuperar el nivel de los últimos años.

¿Cuánto tiempo habrá de pasar hasta que los familiares y amigos podamos darnos un fuerte abrazo sin temor al contagio? Incluso el amor que se profesan los jóvenes novios, -obligados cada uno de ellos a vivir con sus respectivas familias-, habrá de sufrir todavía el inconveniente del contacto físico mientras continúen las mínimas precauciones que se habrán de ir minimizando a lo largo de un tiempo que todavía está por ver, con todo lo que ello significa de incertidumbre para las parejas.

Muchos nos sentimos ya un poco hastiados de tanta información habida sobre todos los problemas sanitarios que continúa  provocando el Covid-19 en el mundo, hasta el punto de que casi hemos decidido ignorar a los distintos medios de comunicación, como no sea para tratar de saber si esa curva fatídica que representa los índices de infectados por el virus comienza a descender en favor no ya sólo de los propios afectados, sino también de todos aquellos otros que, aun permaneciendo en sus domicilios, sufrimos el mismo aislamiento que cualquier otro enfermo. A pesar de todo, nos sentimos totalmente responsables de no alterar en absoluto nuestro confinamiento, aconsejado por aquellos que, desde luego, conocen mucho mejor el peligro que entraña un virus de tales características y del que además están consiguiendo descubrir sus debilidades, que también las tiene, para conseguir acabar con él cuanto antes.

Todos especulamos sobre el tiempo que todavía tendremos que continuar confinados y hemos decidido tomárnoslo con el humor que nos caracteriza para caer irremisiblemente en el abandono de nuestra ira en favor de rodearnos de todo aquello que nos haga este tiempo más confortable. Y lo cierto es que no falta imaginación cuando se trata de olvidar el tedio que supone permanecer en casa.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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