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Amenaza para la salud

  • Pseudociencia: una amenaza para la salud
  • La publicidad engañosa que circula con normalidad precisa una regulación estricta con una inspección para evitar males mayores

La proliferación de pseudociencia en el ámbito sanitario se ha convertido en un problema creciente que nos preocupa mucho en general, y a profesores, profesionales, instituciones y autoridades en particular.

Como científico biomédico con más de 45 años de experiencia, tridoctor y también participante activo en la vida pública en distintos niveles e instituciones, nos sentimos muy preocupados, y a la vez decepcionados, por la utilización simplona y rastrera de argumentos científicos para justificar o buscar cosas ajenas a la ciencia. Nos referimos a la proliferación de miles de noticias relacionadas con la salud que, de forma irresponsable, afectan al normal desarrollo de la sanidad.

Antonio Alarcó Hernández , Catedrático de Cirugía
Presidente de la Cátedra de Telemedicina, Robótica, IA y Telecirugía de la ULL
Doctor en Ciencia de la Información y Sociología.
Adjunto Primero de la Diputación del Común
Exsenador y Portavoz de Sanidad./Foto Archivo Kiosco Insular.

En un artículo que escribimos recientemente en este mismo medio, advertíamos de lo peligroso de lo que está ocurriendo, y posibles soluciones.

Bajo la apariencia de terapias «naturales» o «alternativas», muchas de estas noticias carecen de base científica y, en algunos casos, pueden poner en riesgo la vida de los ciudadanos.

La advertencia es muy clara: abandonar terapias basadas en evidencia científica en favor de pseudoterapias y pseudocientíficos puede tener consecuencias muy graves.

El auge de falsos expertos y su expansión en internet y en las redes sociales ha facilitado la aparición de «supuestos expertos» que difunden información sin rigor y que simplemente son charlatanes científicos que, sin formación ni respaldo, confunden a la población. Muchos de estos charlatanes utilizan un lenguaje técnico o referencias científicas descontextualizadas para ganar credibilidad. Sin embargo, detrás de estas estrategias suele haber intereses económicos o búsqueda de notoriedad más que una verdadera intención de mejorar la salud de las personas (iluminados).

Lejos de ser inofensivas, las pseudociencias y sus promotores pueden tener consecuencias dramáticas. Hemos vivido por desgracia como profesionales de la sanidad casos tristes y frecuentes porque algunos pacientes, buscando soluciones milagrosas, abandonan los tratatamientos eficaces (especialmente en enfermedades graves como el cáncer) confiando en terapias sin evidencias, lo que incrementa significativamente el riesgo de mortalidad.

No solamente afecta a la salud física, sino también al bolsillo y a la confianza en el sistema sanitario científico que practica una sanidad científica. La falta de regulación efectiva en algunos ámbitos permite que siga la promoción de productos y servicios engañosos.

Los colegios profesionales, las sociedades científicas y la universidad tienen la obligación de tomar medidas y trasmitirlos a los medios de comunicación de carácter generalista. No puede ser en temas de salud gratuito «mentir». La publicidad engañosa que circula con normalidad precisa una regulación estricta con una inspección para evitar males mayores.

Es verdad que la lucha contra la pseudociencia no puede recaer únicamente en las instituciones. Los medios de comunicación juegan un papel clave en la divulgación científica rigurosa y en la denuncia de prácticas fraudulentas, contribuyendo a una ciudadanía mejor informada.

Una vacuna importante contra la pseudociencia es la educación científica. Claro está que es a largo plazo y se trata de una solución más definitiva, creando un pensamiento crítico y la comprensión del método científico entendible, algo esencial para que los ciudadanos puedan distinguir entre ciencia y pseudociencia.

En definitiva, la salud no debería ser nunca terreno para el engaño y la mentira. Combatir a los charlatanes no es solo una cuestión de regulación sino de responsabilidad colectiva.

La pseudociencia también desvía recursos y atención. Tiempo, dinero y esfuerzos que podrían destinarse a investigación rigurosa y a desmontar afirmaciones falsas o regular prácticas engañosas. Incluso puede influir en decisiones políticas o de financiación a veces ralentizando avances reales.

En el ámbito académico, al cual pertenecemos, la publicación de revistas depredadoras y estudios sin rigor (utilizados a menudo por pseudocientíficos como «pruebas») contribuye a enturbiar el ecosistema científico y dificulta la identificación de investigadores fiables.

La ciencia avanza lentamente, con errores y rectificaciones, pero con un objetivo claro: aproximarse a la verdad y aplicar exclusivamente la evidencia científica. Creemos sinceramente, y ya lo hemos publicado en varias ocasiones, que la ciencia tiene la «obligación» de hacer divulgación de forma permanente, constante y entendible en los medios habituales tanto en internet, medios digitales, etc. para que ante las preguntas de los ciudadanos salga la verdad reflejada.

La salud y la ciencia «bien contadas» resultan muy atractivas en general, lo que permitirá buscar una complicidad con los ciudadanos. Basta ya.

Antonio Alarcó Hernández

Catedrático de Cirugía

Presidente de la Cátedra de Telemedicina, Robótica, IA y Telecirugía de la ULL

Doctor en Ciencia de la Información y Sociología

Adjunto primero de la Diputación del Común

Exsenador y portavoz de Sanidad

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Antonio Alarcó Hernández Catedrático de Cirugía Senador Comisión de Sanidad y Portavoz de Ciencias
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