domingo, julio 25, 2021

Televotantes

Los ciudadanos se han convertido en súbditos de la caja tonta

Los manipuladores del pensamiento se han dado cuenta hace tiempo del poder que la caja tonta ejerce sobre el populacho. Demasiadas personas creen que lo visto en televisión es doctrina a seguir y una verdad que debe ser creída a pies juntillas.

Ya lo emplean desde hace mucho tiempo en los Estados Unidos de América los telepredicadores; especializados en vender un peine a un calvo con la excusa que también te servirá para rascarse la espalda.

Los publicistas son especialistas en venderte el objeto más inútil y de eso se han dado cuenta esa nueva generación de políticos populistas y gandules que quieren vivir del cuento mintiendo como bellacos.

A poco que haya leído usted sabrá quién es un tal Goebbels, los principios de su propaganda eran geniales dentro del punto de vista sicológico. Si a partir de este renglón intenta usted leer con sentido crítico podrá obtener alguna conclusión, salvo que ya su cerebro sea una nuez.

El nazi este decía que, se debe individualizar al adversario en un único enemigo, simplificar a todos en un único enemigo. El método de contagio es también interesante, todos tus enemigos debes constituirlos en uno solo.

El tipo este hablaba del principio de la trasposición, es decir, “echarle el muerto a otro”. Decía el pollo que debes cargar sobre tus adversarios los propios errores y responder con ataques; inventar temas que distraigan.

Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”. Principio de vulgarización.

Otro principio curioso es el que dice: “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”.

Si buscamos similitudes en la actualidad encontramos ejemplos que se calcan, por ejemplo el principio de renovación, en este hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa.

Acallar sobre las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines se denomina como principio de silenciación.

Probablemente el más grave sea el principio de la unanimidad, consistente en llegar a convencer a mucha gente que se piensa como todo el mundo, creando impresión de unanimidad.

Lo cierto que estos principios del tal Goebbels me recuerdan muchas iglesias, monasterios, monederos, rejoneos, monterías y tantos otros que han construido su discurso a medida del televidente, ¿O no? –Confucio.

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