Manejar los hilos del poder tiene cierta “erótica”. Decía Henry Kissinger: “El poder es el mayor afrodisiaco”, el que fuera secretario de estado norteamericano conoció a multitud de jefes de otros países, por lo tanto, sabía de lo que hablaba.
En los últimos meses nos estamos encontrando en los medios multitud de declaraciones de ignorantes y caraduras que dan mucho pavor al ciudadano que contribuye de la mejor manera que puede y le dejan al Erario y pobre de que no lo haga.
Ahora resulta que en España hay “demasiados aires acondicionados”, me imagino que el individuo que soltó esta patujada cuando ha estado en alguna oficina pública ha ido con el abanico que, además de dar buen aire, quita el sol y te aparta de su resplandor.
La progresía presume de muchas cosas, eso sí, cuando gobierna la derechona; cuando lo hacen ellos su memoria volátil les hace olvidarse de todo lo que ha gritado en plazas y círculos. Tienen aprendido el soniquete plomo de la monarquía, la democracia anómala, las fuerzas armadas –salvo cuando les hace falta– y la culpa siempre la tienen los que estaban.
En las últimas semanas estamos sufriendo unos precios de la energía eléctrica que jamás habían llegado tan alto, estos individuos e individuas se olvidaron de aquello de “pobreza energética”. Se quejan de los pedos de las vacas, aunque a ellos les guste un buen chuletón. Protestan de la contaminación, pero van a renovar el parque móvil.
Semejantes boberías vienen de personajes que tienen una abultada cartera gracias a los emolumentos percibidos por ser cargos electos. No me parece mal que así sea, es lo que hay y así lo aceptamos, lo que no puede ser es que nos traten como si fuéramos borregos o los feligreses de cualquier religión que dicen siempre: Amén.
El problema que se nos plantea a los ciudadanos corrientes, los que nos rascamos la cartera para pagar tantas frivolidades y vacaciones insulares –reales o presidenciales– esos que no hemos podido salir por falta de ingresos o por la subida brutal de la cesta de la compra, los que nos abanicamos o simplemente bebemos agua es saber a quién coño vamos a votar en las próximas elecciones.
Ver camisetas de cocodrilo, jugador de polo, banderita bicolor o del canal coco de veraneo a costa del Erario en lugar de estar en sus puestos de trabajo con una quinta ola que tiene colapsadas las UCIS resulta un insulto al buen gusto y a la inteligencia. ¿Será que piensan que todos somos bobos? A lo mejor es que los somos.–Confucio.
