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Periodistas y periodistas

  • Cuando un periodista se convierte en activista de un gobierno o ideología, su capacidad para ofrecer una visión equilibrada y crítica de los hechos se ve comprometida

El periodismo ha sido denominado de forma poética “el cuarto poder”. Se ha dicho de estos profesionales de la pluma que es una de las profesiones fundamentales de una sociedad democrática. Allá por el año 484 a.C., un tal Heródoto escribió “Historias”, una obra que, aunque no fuera estrictamente periodística, sí narraba hechos, recopilaba información y la difundía. El monje budista del Japón medieval Genshin escribió, en el año 937, una obra en la que se detallaban sucesos, y algunos lo consideran el precursor del periodismo.

Ser periodista se trata de tener un compromiso con la verdad, la ética y la responsabilidad. Estos son los principales valores que deberían primar en su desarrollo profesional. En el mundo que nos ha tocado vivir, donde la desinformación, los rumores y los bulos forman parte de nuestra rutina, el periodista debería verificar, contrastar y presentar los hechos tal como son, sin distorsionarlos ni manipularlos. La mentalidad crítica y la disposición de hacer preguntas incómodas a quien sea necesario, incluso si esto puede resultar polémico, impopular y sumergirle en el ostracismo.

El buen periodista sabe que su trabajo tiene un impacto decisivo en lo que los ciudadanos perciben; la imparcialidad debe ser su modo de actuar. Cuando cae en sesgos y prejuicios, se convierte en un presunto profesional al servicio de una ideología. Los nuevos titulados en periodismo (no es lo mismo que ser periodista) deben respetar a las personas y tener en cuenta que las informaciones –ciertas o sesgadas– tienen una repercusión en la vida de los involucrados. En este punto quiero hacer hincapié en que da lo mismo si esas “noticias” provienen del partido del gobierno o de la oposición, de un empresario o profesional… da igual, el poder de la prensa para destruir o encumbrar sabemos todos que es incuestionable.

Antiguamente, el buen periodista no se limitaba a escribir lo que le contaban los poderes establecidos, por eso les llamaban el Cuarto Poder. Eran capaces de hacer caer gobiernos, presidentes y poderosos personajes. El pueblo les creía. En el último cuarto de siglo se ha puesto en valor el periodismo militante o el tertuliano que va de informado.

El vocero activista ha perdido la credibilidad y provoca el vómito mental cuando se le escucha justificar la política y los mensajes de cualquier líder político; repito que da lo mismo el color. Cada “votonto” permanece en su caja de eco para escuchar el mensaje pornográfico con el que nos bombardean estos nuevos periodistas activistas.

La forma en que consumimos noticias ha cambiado drásticamente. La información que llega al “súbdito” es múltiple y con distintas interpretaciones. La verdad es solo una y debería haber estado en poder de la prensa. Los periodistas nos han traicionado. No me sirve la retórica para explicar las mentiras de los políticos. No soporto los medios que hacen de altavoz de un mantra sectario que exclusivamente busca la alabanza del amado líder.

¿Dónde quedó el pensamiento social y político de la década de los setenta u ochenta? ¿Dónde están los profesionales que tenían un compromiso con el bienestar de la sociedad? Buscar el sensacionalismo o lo lucrativo para generar un impacto en los ciudadanos cayó en el olvido. «Hubieron» periodistas que en su momento escribían y «han habido» personas que se preocupaban en educar y contribuir a una mayor comprensión del mundo, con la capacidad de exponer injusticias, problemáticas y corruptelas.

Los periodistas se han convertido en personajes que llevan su podio más allá de lo moralmente permisible. Adoptar una postura que va más allá de informar, convirtiéndose en defensores del gobierno de turno o de causas políticas específicas, les hace perder la imparcialidad necesaria para cumplir el rol que su profesión les exige.

Cuando un periodista se convierte en activista de un gobierno o ideología, su capacidad para ofrecer una visión equilibrada y crítica de los hechos se ve comprometida. La objetividad cede ante la parcialidad, y la audiencia, en lugar de recibir información confiable, se enfrenta a un discurso sesgado que, en lugar de esclarecer, busca manipular. Este fenómeno puede resultar peligroso para la democracia, pues los ciudadanos dependen de los medios para tomar decisiones informadas, y la falta de independencia periodística puede erosionar la confianza en la prensa.

La profesión exige compromiso con la imparcialidad y con la responsabilidad social de mantener a la sociedad bien informada, independientemente del gobierno o las tendencias dominantes. Solo así el periodismo y los periodistas con nombre y apellidos pueden seguir siendo un pilar de la democracia.–Confucio.

* “Hubieron” y “han habido”: Las expresiones «hubieron» y «han habido» son consideradas incorrectas o impropias en el uso estándar del español, debido a cómo funciona la conjugación del verbo «haber» en distintos contextos.

Estas expresiones y otras tantas son habituales en algunos periodistas que se supone deberían saber escribir… o por lo menos juntar letras.

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