El desfase

Donde la espalda pierde su casto nombre, así viven algunos el desfase

Se cumple un año de la declaración del Estado de Alarma y del despliegue en la Operación Balmis/@UMEgob

Después de tres meses surrealistas con el confinamiento debido a la pandemia, demasiadas personas sufren un extraños síndrome que podríamos denominar “el desfase”. Fiestas, encuentros futboleros, botellón y un largo etcétera se prodigan por la geografía española. Canarias, pese a las recomendaciones del gobierno, no permanece al margen de esta locura colectiva.

Olvidan los inconscientes que el coronavirus no nos ha abandonado y lo peor, no tienen en cuenta que el problema no es sólo que enfermen; lo terrorífico es que pueden convertirse en peligrosos portadores que van infectando a personas sanas.

Pero no es sólo “el desfase” este al que me quiero referir. Hablo de la pasada de vueltas que tienen muchas personas en su comportamiento cotidiano. Tras el confinamiento da la impresión que las habilidades sociales pasaron a mejor vida.

En las zonas comunes de las ciudades –parques, carreteras, centros comerciales…– están pululando una serie de individuos que se creen propietarios del entorno. Todos estos se creen con el derecho a señalar, con razón o sin ella, al resto de ciudadanos. Del otro lado están los que se creen inmunes a cualquier plaga o enfermedad.

En las carreteras se está produciendo, hecho constatado por la DGT, el efecto túnel. Las habilidades al volante y la lateralidad espacial se han visto trastocadas tras tanto tiempo encerrados. Los límites de velocidad y las rayas continuas no existen para algunos tarados que se sientan al volante de su vehículo.

Pero eso no es lo peor, el efecto “balconazi” se ha extrapolado a las carreteras, calles, plazas y parques. Los mensajes de las autoridades culpabilizando de la situación a la población está ocasionando que en cada uno de nosotros nazca un policía represor. No pasa un día en que no encuentres a la típica vieja enterada o al pijoprogre de turno que está dispuesto a recriminar algo que hace alguien, con razón o sin ella.

Esta situación es típica de los regímenes totalitarios, todo el que vaya contra la normalidad dictada por el gobierno es un transgresor. Conseguir el equilibrio es difícil. Me choca que cuando la población de España ha respetado las normas dictadas por las autoridades durante el confinamiento y que un porcentaje mínimo se las haya pasado por el forro de sus caprichos, exista un porcentaje de súbditos que se crean en posesión de la verdad absoluta.

Si a esta gente que no sabe conducir ni conducirse les resulta más confortable estar en su casa, pues que se queden en ella. Quien tiene que hacer cumplir las normas ya sabemos quiénes son. Se están produciendo situaciones de conflicto por creernos que estamos en el derecho de hacer de la policía del régimen.

Repito: Las normas de sanidad están para cumplirlas, están claramente marcadas en los distintos R.D del gobierno. Meterse en jardines que no nos corresponden están generando situaciones de conflicto entre vecinos que a lo único que nos llevan es a un deterioro de la convivencia.

Se deben respetar y cumplir las indicaciones. Se deben sancionar a aquellos inconscientes que juegan con nuestra salud. Si no está de acuerdo con algo que hace un colectivo o persona llame usted a la policía y denúncielo. Usted no es nadie. No se meta en líos.-Confucio.

Licenciado en Filosofía

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