Vacunas VDD

"Trancan" a Miguel Bosé con mascarilla. Las imágenes fueron grabadas hace un par de semanas en un vivero de Madrid en el que el cantante fue a comprar flores. (K.I.)

Vacunas existen muchas. Alguna que otra vez, cualquiera de nosotros ha tenido que verse obligado a vacunarse contra una o varias distintas enfermedades, sobre todo, a lo largo de nuestra infancia, para evitar sufrir un riesgo innecesario contra nuestra, ya de por sí, quebrantable salud.

A medida que hemos ido creciendo y adquiriendo lo que se ha venido llamando vulgarmente uso de razón, hemos llegado a darnos perfecta cuenta de que si bien las distintas vacunas administradas a lo largo de nuestras vidas han servido y sido infalibles en la protección de nuestra propia salud física, no lo ha sido tanto sobre nuestra delicada salud mental, expuesta sobremanera desde la más tierna infancia a los caprichos de nuestros padres, de la iglesia, de la propia educación y, sobre todo, del régimen totalitario que muchos tuvimos que sufrir a lo largo de nuestros primeros años y parte de la adolescencia, de manera que nuestra mentalidad hoy en día ha sido producto de aquella supuesta perniciosa influencia.

Algunos, ya de adultos, tuvimos la gran suerte de encontrar nuestro propio antídoto para tratar de burlar o adaptar aquella perniciosa influencia que sólo conducía y tenía como objetivo modelar nuestro carácter, además de nuestra forma de ser y de pensar. Muchos se preguntarán: ¿En qué ha consistido ese efectivo antídoto al que nos estamos refiriendo?

Pues bien, sólo se trataba de un producto imaginario que entonces dispusimos en abreviar con las siglas V.D.D. Una eficaz vacuna que, a título personal, reaccionaba, tal y como sus iníciales indican: Vacuna de Desobediencia Discriminatoria, que actuaba eficazmente sobre nuestra psique. Es decir, un antídoto en favor del carácter particular de cada uno de nosotros y que no sólo nos permitía rechazar cualquier planteamiento, tesis o filosofía que atentara contra nuestra propia conciencia, sino que, además, nos obligaba a desobedecer por sistema y de manera tajante, aunque siempre bajo nuestra exclusiva responsabilidad individual.

El criterio de obediencia debida hoy a las autoridades sanitarias para tratar de prever la Covid-19, no la hemos considerado nunca arbitraria, toda vez que, en la medida que aquellas órdenes sin paliativos velaban por nuestra propia salud, nos hemos sometido a ella de manera voluntaria.

Cosa bien distinta son aquellas otras órdenes superiores que afectan de la manera más radical a los derechos más elementales del ser humano y es por ello que la eficacia en la aplicación de la llamada V.D.D. (Vacuna de Desobediencia Discriminatoria) está cosechando tanto éxito actualmente, siendo utilizada, sobre todo, en un muy determinado sector de la población comprendido entro los quince y cincuenta años, sin necesidad de ir más lejos.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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