Viendo como el otro día y ante todo el mundo fue tratado el señor Zelensky por el grosero presidente de USA, Donald Trump, me vinieron a la memoria, y no sé por qué razón, la conjugación de dos distintos verbos durante mi infancia a cargo de nuestras respectivas madres en la localidad de La Cuesta, en Tenerife. Se tratan de los verbos trillar o trillarse y alongar o alongarse, respectivamente. El primero hace referencia a pellizcarte los dedos, de forma más o menos violenta, de las manos o de los pies o a cualquier otra parte blanda del cuerpo susceptible de ser aprisionada por algún artilugio o mecanismo manipulado, como por ejemplo por el quicio de una puerta a la altura de sus goznes al cerrarse de forma más o menos violenta y doloroso por añadidura.
El segundo de estos verbos imborrables hace referencia al peligro que corríamos al alongarnos al vacío desde una ventana o de la balaustrada de una escalera o balcón con el peligro que representaba el peso descompensado de nuestro cuerpo en el espacio exterior.
Donald Trump se ha trillado los dedos frente a la opinión pública internacional tratando de humillar, de la forma que lo hizo, a un todavía presidente, al fin y al cabo, de un país europeo en guerra cómo sigue siendo Ucrania.
Con lo de alongarse demasiado desde cualquiera de las numerosas ventanas y balcones que le ofrece su bastión americano, también corre el riesgo de un peligro extremo dada su corpulencia, peso y, sobre todo, caradura, condiciones físicas indispensables que podrían representar un serio problema para su integridad física.
Con todo, parece haberse librado por el momento de la peligrosidad que implica la conjugación de éstos dos verbos mencionados. Otra cosa bien distinta es poder evitar la siempre mortal trayectoria de un proyectil disparado desde la distancia por alguien tan cainita y tan poco cuerdo como él mismo.
¡Recuerden! Cuidado con trillarse los dedos y alongarse demasiado a ventanas y balcones.
zoilolobo@gmail.com
Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes
