Secuelas

No basta sólo con desplazarse a comprar el pan con mi inseparable Patxi

Esta reclusión responsable me está dejando secuelas que si bien no parecen graves, si que se traducen en agudos dolores artríticos en las articulaciones de los hombros, sin que apenas pueda elevar los brazos por encima de mi cabeza ni siquiera para desperezarme a gusto. Al parecer, puede tratarse de un trastorno de bursitis que afecta a las bolsas de líquido sinoviales alrededor de las articulaciones.

Sea como fuere, debe ser consecuencia de la falta de ejercicio moderado, como el simple bracear mientras camino o ante la imposibilidad en la que ahora me encuentro para practicar la natación debido a la inacabable cuarentena. Se trata de los efectos colaterales que también produce la pandemia por el internamiento prolongado de aquellos que como yo y gracias al hobby de la fotografía, solemos salir a caminar un par de horas al día en busca de motivos con los que aumentar nuestra documentación gráfica y, de paso, mantener la forma física imprescindible.

De manera que no basta sólo con desplazarse a comprar el pan con mi inseparable Patxi de cuatro patas. Será también necesario empezar a nadar un poquito cuando tengamos un respiro que nos lo permita y, desde luego, la suficiente agua en el vaso de las piscinas, o esperar pacientemente a que llegue el siempre cálido verano y creamos que podemos atravesar el océano henchidos de felicidad y nuevas energías con las que afrontar lo mucho que todavía nos queda de vida y lo poco que nos depara ya el incierto futuro.

Vamos ya saliendo de ésta sin olvidar a todos aquellos otros que pese a su avanzada edad el Covid-19 no les ha respetado la vida. Es un virus cobarde que continúa ensañándose con los más débiles que, por lo general, siguen siendo los mayores. Las medidas de precaución continuan siendo pocas frente a la mortal agresión silenciosa que entraña el peor enemigo contra el que hasta ahora nos hemos tenido que enfrentar; con una sola excepción, aquel otro que asoló Europa y cuyos muchos supervivientes no han podido resistir la embestida mortal de este otro.

Espero y deseo, por el bien de toda la humanidad, que todo esto acabe cuanto antes y podamos volver a esa rutina que implica no sólo la incorporación al trabajo y al disfrute de nuestro tiempo libre sino, además, al equilibrio estable de una sociedad más justa y responsable con los que más nos necesitan.

Declino hoy pronunciarme sobre la clase política.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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