Royal black

Hay monárquicos a los que parece darles vergüenza admitirlo y lo sustituyen afirmando que lo que en realidad son, son  juancarlistas. ¡Menuda estupidez! Es como si otros pudieran también afirmar que no son fascistas sino franquistas, que para el caso es lo mismo.

¿En el caso que nos ocupa, estarían dispuestos los juancarlistas a admitir el hecho de que la fiscalía anticorrupción investigue, como ahora se ha sabido a través de los medios, la utilización por parte del rey emérito de tarjetas opacas de las que también se han aprovechado algunos miembros de su excelsa familia como su esposa y nietos? En tal caso, bien podrían cambiar el sentido de su afirmación para no sentirse tan traicionados; es decir, admitir ahora que son monárquicos y, sin embargo, no juancarlistas.

Hay quienes aseguran que una cosa es la institución monárquica en sí y otra bien distinta es la figura del Rey; como si una cosa no dependiera directamente de la otra, como si el Rey no representara a la propia institución. Todo menos aceptar que la monarquía es una rémora de un pasado ya trasnochado que no conduce más que a legitimar el hecho de que una familia determinada de una nación como es España, basándose en unos derechos monárquicos supuestamente vigentes, goce de unos privilegios como ninguna otra de nuestra país y a cargo, además, del erario público, con sus Royal Black clandestinas incluidas.

Las cuentas en el extranjero que garantizan estas tarjetas opacas parecen estar a nombre de un ciudadano mejicano y aun supuesto oficial, miembro de la Guardia Civil española. El manejo de estas tarjetas opacas son detectadas durante los años 2016, 2017 y 2018, época en la Juan Carlos figuraba como rey emérito y por lo tanto su persona no tenía entonces carácter de inviolabilidad, por cuya razón la Fiscalía del Tribunal Supremo ha decidido investigar ahora el caso a petición de la Fiscal General del Estado.

Sin embargo, todos los medios de comunicación se han puesto de acuerdo en afirmar que los reyes, Felipe VI y la Reina Leticia, así como sus hijas, se encuentran al margen de este escándalo financiero que pone en entredicho la honorabilidad del propio Juan Carlos. De su mujer, Sofía, no se asegura de que fuera consciente del carácter opaco de la tarjeta que ella misma también utilizaba para pagar los desplazamientos aéreos entre Madrid y Londres, donde tiene fijada su residencia.

Lo único que deseamos casi todos los españoles, es saber si, realmente, la Justicia obra igual para todos y cada uno de los ciudadanos de este país.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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