Rey y cortesana

Cuento basado en parte de la realidad

-Ni por muy Rey que seas, ni por mucho dinero que tengas, jamás te abandonaré, Johnny

Con estas hermosas palabras que suenan a una verdadera y desinteresada confesión de amor, se dirigía Corinna Larsen al entonces monarca durante unas vacaciones de frio invierno en Suiza, muy cerquita de los Alpes, y al borde de una suma de millones a buen recaudo y a punto de caer en el interior de la caja fuerte de algún banco de la muy aburrida confederación helvética.

Se diría que esta íntima declaración de intereses habría sido grabada por un par de hombres sin escrúpulos a las órdenes de Villarejo con la intención de advertir al CNI del peligro que entrañaba toda la información acumulada por la cortesana Corinna respecto de los supuestos fraudulentos compromisos contraídos por Johnny Castilla en suelo de Arabia Saudita.

-Es una suma ridícula para todo lo que te mereces, Corinna. Ya sabes como son mis amigos los árabes de generosos a la hora de cerrar negocios que a mi sólo me supone una intermediación sin importancia. Tu eres lo único que realmente me importa en este momento tan duro por el que atravieso, convirtiéndote en sostén y guía de mi desorientado futuro como monarca; y es que la corona pesa mucho, Corinna, pero mucho, mucho.

-Tu nunca has pretendido haber sido un cazador de esos que llaman furtivos, Johnny. ¿Recuerdas lo del elefante aquel a ojos de todo el mundo? Prometiste luego colgar la escopeta y has cumplido tu palabra. ¿Qué más espera tu reino de ti? ¿Qué no tengas ningún estímulo en tu azarosa vida en tu propio país, con lo del golpe de estado y todo? Descansa, que mañana tenemos slalom gigante en la pista central que ya he reservado.

Aquella idílica situación clandestina a la sombra de los Alpes, terminaría truncándose de forma repentina cuando Corinna cayera en la cuenta de que estaba siendo un delicado juguete en manos de un malabarista que sólo parecía haberla utilizado como mero testaferro para eludir los compromisos de la hacienda de su país utilizando su frágil y bella figura como coartada indispensable de sus sucios negocios que tantos pingües beneficios le reportaban.

Para colmo de males, hasta Corinna había llegado el rumor de que los comunistas en el poder estaban tomando cartas en el asunto de las comisiones cobradas por el discreto Johnny para hacer intervenir a la justicia en contra de los amantes y dispuesta a dilucidar quién de ambos se beneficiaba de las operaciones continuadas del cobro de sobornos por asesoramiento a los dirigentes saudíes sobre el tendido de una línea ferroviaria a través del desierto en Arabia.

A Corinna lo único que le preocupaba por el momento era la supuesta inviolabilidad de Johnny, porque, si así fuera, le asaltaría el temor de la intervención inmediata y posibles represalias del CNI, hasta convertirla en una cabeza de turco visible a los ojos de la ley en Ginebra y tener ella que “pagar el pato” o “los platos rotos” como vulgarmente suele decir el populacho cuando a una la “empapelan”.

zoilolobo@gmail.com

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