Psicosis

La psicosis casi general ha llegado para establecerse sin razón aparente en el seno de la sociedad civil de Sant Feliú de Guíxols, donde he fijado mi residencia últimamente. Y digo que no hay razón aparente porque, que se sepa, no existe ningún caso de contagio que pueda suponer una alarma como la que se está produciendo estos días. Alarma que obliga a las familias a acabar con el stock de papel higiénico y artículos de higiene personal en los distintos supermercados de la ciudad y que tienen que reponer diariamente debido a la gran demanda que obliga la psicosis generalizada.

No basta sólo con guardar la distancia de seguridad con tus semejantes y acto seguido lavarte las manos de regreso a casa. El aprovisionamiento en exceso de artículos de primera necesidad preocupa también en los supermercados donde ya se han producido las primeras alarmas en materia de carestía alimentaria.

Las relaciones sociales de convivencia, tan típica de los países mediterráneos se han visto profundamente afectadas por el excesivo temor, a mi juicio, del covid-19. A lo largo de esta misma semana, los tertulianos que componían grupos mixtos cada día en las soleadas terrazas de los bares, brillan ahora por su ausencia, además de haberse suprimido las más elementales reglas de cortesía tan españolas como los apretones de manos y los besos en las mejillas entre conocidos y amigos.

Ahora son los comerciantes chinos los que, como represalia, se protegen con mascarillas de nosotros, amparados detrás de los mostradores por una pantalla transparente entre comprador y expendedor. Ellos presumen en este preciso momento del éxito conseguido por su país en materia de organización sanitaria que ahora China se plantea exportar para tratar de prestar la ayuda necesaria a otros distintos países con la única intención de erradicar, en la medida de lo posible, la amenaza que continúa representando el coronavirus para las distintas poblaciones.

Ni que decir tiene que a pesar de que los niños de una determinada edad parecen ser inmunes al virus, las clases se han suspendido de momento con lo que ello conlleva de sacrificio para unos padres que en general trabajan y que obliga a dejar a sus hijos al cuidado exclusivo de sus abuelos, quienes por desgracia y según las estadísticas, es el colectivo que, por su avanzada edad, mayor riesgo corre de contraer el virus.

Esperemos que las aguas vuelvan a su cauce y volvamos a disfrutar de las tertulias antes de comer, acompañar a los niños a clase y, a la salida, llevarlos a jugar al parque. Y cuando nos presenten a un amigo, poder estrecharle la mano sin temor a ser contagiados y abrazar y besar de la misma forma en que lo veníamos haciendo hasta hace sólo unos meses, cuando, a pesar de la polución, respirábamos a pleno pulmón tan tranquilos, con la total seguridad de que podíamos morir de cualquier cosa, pero nunca de un virus desconocido que se había estrenado entre nosotros no sólo para fastidiarnos la salud como ha sido el caso, sino para alterar hasta un punto inimaginable nuestras relaciones sociales de las que apenas podemos prescindir.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

  • La gente no va diciendo por la calle que está contagiad@.
    Aparentemente las medidas de seguridad parecen del todo exageradas…., pero claro, nadie quiere parecer egoista y ya no vale con que uno no tenga interés en protegerse, sino que hay que hacerlo por solidaridad con los demás.
    Asi es que toca aburrirse y cumplir!!!

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