¡Por fin! Vacaciones

Vista parcial del Puerto de la Cruz, Tenerife./Wikipedia.

Una vez finalizada la vigencia del Estado de Alarma al que hemos estado sometidos todo este tiempo, ha llegado la hora de movernos algo más allá de la esquina de nuestra propia manzana de lugar de residencia. Incluso más allá de nuestras fronteras nacionales, allende los mares, hasta cualquier lugar en cualquier punto del horizonte, al otro lado de la línea del ecuador si fuera preciso.

Nosotros nos conformamos con hacerlo hacia territorio insular, para lo cual tendremos igualmente que sobrevolar el Mediterráneo, parte del norte de África si se diera el caso, y no sé cuantas millas exactas sobre el poderoso Atlántico, hasta llegar definitivamente a nuestro destino, que no es otro que Tenerife, en las Islas Canarias.

A pesar de que la compañía aérea, cuyo nombre no citamos por no ser desagradecidos respecto al precio, ha cambiado el horario de vuelo para tres horas más tarde de lo acordado, no nos ha importado demasiado habida cuenta de la ilusión que nos hace, después de un año, arribar al lugar en que he nacido y hemos vivido sólo en tres horas escasas.

No hacemos este viaje de placer sólo por solidaridad desinteresada con la industria turística del país, sino también por la imperiosa necesidad de festejar en Canarias la suerte que hemos corrido respecto al Coronavirus, disfrutando en Tenerife de nuestros amigos, de su clima, su gastronomía, sus playas y de lo poco más que cualquiera necesita para ser completamente feliz durante un par de semanas.

No cabe duda que, en la medida de lo posible, quienes consigan hacer lo propio, sería el mejor regalo que puedan hacerse a sí mismos como merecido premio a su tenacidad y disciplina en el largo aislamiento obligado con el que se ha logrado, por fin, poner cerco al virus. Sin embargo, hemos de lamentar profundamente la muerte de todos aquellos otros que no han podido superar el trance que supone haber sido víctimas de la pandemia. Y en ellos nos será imposible no pensar mientras atravesamos los cielos a novecientos kilómetros por hora hacia el paraíso imaginado que para nosotros significa poder aterrizar sin novedad, sanos y salvos, en suelo insular.

Una vez allí, sabemos que no podremos gozar abiertamente de todos aquellos festejos con los que, concretamente, el Puerto de la Cruz ofrece  a sus visitantes en fechas tan señaladas como son las del mes de Julio, pero la felicidad no consiste en tenerlo todo sino en disfrutar de lo que hay, que no es poco.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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