La verdad

Hoy empezaré confesando que en ningún momento he firmado un contrato con la verdad. Y es que la verdad tiene la facultad de esconderse en los entresijos de versiones asociadas a las propias dificultades que entraña su aceptación incondicional, de manera que justificarla se hace siempre muy difícil en unos casos y, a la vez, muy fácil en otros, como consecuencia de la  versatilidad que representa el pensamiento humano en tratar de asociarla siempre a los intereses de cada cual.

En cualquier caso, uno intenta humildemente aproximarse a ella hasta límites insospechados con tal de no errar en sus conclusiones, pero a pesar de que, según se dice, son siempre los vencedores los que escriben la historia, me parecería descabellada e injusta la simple idea de una revisión histórica ignorando las muchas circunstancias que rodearon determinados acontecimientos ya conocidos por todos nosotros.

Un ejemplo podría ser muy bien el de Cristóbal Colón. ¿Puede considerársele un descubridor o un colonizador? Desde estos distintos puntos de vista, y no soy un experto, podría analizarse su figura partiendo desde dos bien distintas perspectivas. Cabe preguntarse entonces si por su afán descubridor ¿No tuvo el genovés que verse obligado a pagar con el desmérito que hoy supone ser tratado de colonizador para saldar las deudas contraídas con la Corona española por el coste que habría supuesto la construcción y flete de las tres carabelas, además de las armas y la tripulación para llevar a cabo su osadía tan celebrada?

Tras la trágica muerte hace sólo unas semanas en Estados Unidos de un afro americano, provocada violentamente por la policía de aquel país, muchas estatuas que habían sido levantadas en honor de tantos supuestos próceres que lucharon por la libertad del pueblo americano, han sido derribadas sin remisión alguna como protesta por los criminales hechos acaecidos últimamente contra la población de color, siempre insatisfecha por el trato tan vejatorio que, por lo general, ha venido recibiendo de su propio gobierno.

En Barcelona, la popular estatua erigida a Colón al final de las Ramblas, empieza a ser objeto de polémica por las mismas razones que se le atribuyen de colonizador. Tengo mis dudas de que las decisiones que se hayan de tomar al respecto, prosperen hasta el punto de ser derribada. Como casi todo el mundo sospecha ¿En qué lugar quedarían aquellos otros que financiaron tales viajes en pos de un nuevo mundo que les proporcionaría nuevas riquezas que les permitirían expandir su imperio hasta límites insospechados?

¿La conquista de las Islas Canarias, por poner sólo un ejemplo muy próximo, hubiera sido justificada hoy en día por parte de la Corona? ¿Y en base a qué?

La pregunta es: ¿Hubo necesidad de tanto exterminio en Canarias como en América?

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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