Política, turismo y trabajo

No es fácil sustraerse a las experiencias de juventud vividas por mí en zonas económicamente resueltas

Vista parcial del Puerto de la Cruz con el edifico Belair y al fondo el hotel Taoro.

Desde la distancia parece otra cosa, pero la impresión que me da es que en Canarias en general y en Tenerife en particular este nuevo gobierno de coalición convence a muy pocos a juzgar por todo lo que al respecto leo en las redes sociales de aquellas latitudes. Ana Oramas, por ejemplo y según algunos, ha sido encumbrada a la categoría de una Agustina de Aragón al oponerse con una simple negativa a esta investidura después de que se comprometiera a apoyarla prácticamente sin condiciones. No quisiera imaginarme si de su voto hubiera dependido la formación de este nuevo gobierno.

En cualquier caso, no es fácil sustraerse a las experiencias de juventud vividas por mí en zonas económicamente resueltas de la isla de Tenerife donde permanecí tantos años. En aquel entonces, una economía tan boyante en el archipiélago como consecuencia de la afluencia masiva de turismo, siempre estuvo ligada al éxito empresarial de determinados individuos con una clara proyección franquista, cuya influencia política terminaba calando inexorablemente en la clase trabajadora de tal modo y manera tan subliminal como el simple hecho de proporcionar empleo a muchísimos jóvenes que se vieron obligados a abandonar las zonas rurales de interior en pos de una vida algo más confortable a cambio de una prometedora ideología que, pese a todo, una gran parte mantiene en la actualidad.

No es de extrañar pues que los partidos llamados de derechas tengan todavía tanto predicamento en las zonas más privilegiadas de las islas donde siempre se ha creído que sus políticas empresariales se han convertido en la panacea a la precariedad laboral de la que fue rescatada toda aquella juventud a partir, sobre todo, de la década de los años sesenta del pasado siglo. Sin olvidar tampoco de que el gran impulsor y creador del primer eslogan turístico que hacía referencia a nuestro país fue, sin duda, Fraga Iribarne, quién acuñaría la ya célebre frase conocida por todos: ¡Spain is diferent!

Este caldo de cultivo político de derechas ha permanecido a flote hasta nuestros días, ligado inexorablemente al éxito empresarial cuyo cenit ya no se alcanza a la manera de como cuando el boom turístico, -como consecuencia del auge en Europa de los grandes tour-operadores (Hapag Lloyd, Thomas Cook, Wagons Lits Cook, etc.) y agencias de viajes españolas (Marsans, Meliá, etc.) y extranjeras además de los vuelos charters-, hicieron de Canarias la Arcadia de Europa, un oasis de paz, de tranquilidad, además de gran belleza.

Esta tendencia, en ocasiones insólita, de muchos canarios en rechazar hoy en día toda propuesta de una nueva política alternativa de progreso, es muy probable que se fundamente, no sólo en el éxito obtenido en su día en materia turística por los responsables y herederos de aquella filosofía franquista, sino en la coincidencia en el tiempo que se produjo entre la democratización en Europa del concepto de turismo y el coste asequible de unas agradables vacaciones, gracias, sobre todo, a la diferencia de valor de la moneda europea frente a la peseta española.

De manera que esta deriva observada y someramente analizada por mí a través de las redes sociales, pone de manifiesto que el discurso sociológico que se desprende de los éxitos alcanzados en el pasado frente a la decadencia que hoy se sufre en materia de caída turística en algunas poblaciones de las islas, es probable que determine esta tendencia política insólita y poco propia, -en mi humilde opinión-, de la clase trabajadora.

zoilolobo@gmail.com

  • Una vez más, coincido con la opinión del admirado Zoilo, soy peninsular, aunque «no goda» y viví el tiempo suficiente en Tenerife, para enamorarme de ella en su conjunto, su hospitalidad, su clima, sus productos autóctonos y como consecuencia, su cocina, su folklore, en fin, todo me caló profundamente. Ahora bien, he de reconocer que a nivel de progreso democrático y por ende, de educación, cultura y mentes abiertas, están bastante a la cola, fruto, en mi opinión, de un encasillamiento político abonado por un puñado de familias a las que ya les va bien que las cosas sigan «atadas», ya que ellas no tienen dificultad alguna en viajar a otras latitudes, conocer otras culturas y guardárselo para sí mismas, que es la manera ideal de seguir controlando al país y su riqueza. Saludos y feliz 20 a tod@s !!

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