Pin parental

La novela 1984 de George Orwell popularizó los conceptos del omnipresente y vigilante Gran Hermano o Hermano Mayor.

Que a los recién nacidos los traía la cigüeña no nos cabía la menor duda a todos los niños nacidos como yo en 1946 y a pesar de que en Canarias no existiera tal ave. Tampoco dudábamos de que los también nacidos de familias mejor acomodadas solieran hacerlo desde París. Sea como fuere y pese a que también existían los tres Reyes Magos que cada año venían de Oriente a dejarnos aquellos delicados juguetes de hojalata, todo nos parecía de lo más normal, aparte de sospechar, como niños perspicaces  que éramos, que debía de existir alguna vinculación entre la llegada de la cigüeña y el abultado vientre de algunas de nuestras vecinas y que mucho más tarde, aunque no precisamente en la escuela, ni tampoco siquiera en el seno de nuestra propia familia, se nos hubiese desvelado aquel sombrío misterio guardado celosamente por nuestros educadores y padres en virtud de un convenio sobre educación suscrito entre el Estado y la Iglesia Católica. Sería mucho más tarde y por nuestra propia cuenta cuando el origen de la vida se nos revelaría con toda la crudeza que en aquella época significaba. Sin embargo, en la escuela, los alumnos de Bachiller ya obteníamos suficiente información con asignaturas como Formación del Espíritu Nacional, Historia Sagrada o gimnasia, denominadas entonces Las Tres Marías.

De manera que faltos de aquella precisa información sobre el origen de la vida, aún teníamos tiempo de ignorar las teorías aportadas por Charles Darwin sobre la evolución biológica por selección natural y que la Iglesia trataba de ocultarnos en connivencia, como ya he afirmado antes, con la jefatura del Estado durante prácticamente todo el franquismo.

En cualquier caso y hasta donde no llegó la censura, -para cuando por razones de edad podíamos ya permitirnos la licencia de degustar una copita de anís dulce-, elegíamos siempre como soterrada venganza y sin dudarlo anís del Mono, fabricado en Badalona por los Hermanos Bosch desde 1898 y cuya etiqueta, La marca más evolucionada, parecía hacerle un guiño malicioso a la entonces férrea ideología franquista. La etiqueta en cuestión representaba a un mono con la cara del propio Darwin en cuya mano derecha sostiene un pequeño pergamino sobre el que todavía puede leerse: “Es el mejor, la ciencia lo dijo y yo no miento”.

Para resumir: a estas alturas en la que nos encontramos de avances pedagógicos sin precedentes en la educación de un alumnado con derecho a recibir el máximo de información posible sobre todo aquello que es por su propio interés y que tal y como ya he afirmado antes llamábamos eufemísticamente entonces los secretos de la vida, pretendan llegar en auxilio de los niños de primaria las huestes de Vox, enarbolando una nueva arma dialéctica contenida y vinculada tanto a la violencia de género como a la educación afectivo-sexual  en el llamado Pin Parental, al creer que el Estado, según siempre las Escuelas Católicas, no puede ni debe suplantar el derecho de los padres a elegir la formación moral ni espiritual que quieren para sus hijos.

Me cuesta mucho creer que tengamos que volver a que los niños tengan que descubrir por si mismos y por propia experiencia todo aquello que todavía, por razones de edad no les estaría dado sin un conocimiento previo pedagógico con el que enfrentarse en el futuro a una realidad como la que hoy vivimos y en la que entran en juego desde muy temprana edad, la sexualidad, la xenofobia, la violencia doméstica y de género, el feminismo, bullyng escolar, etc.

Por el bien de todos ellos, de los inocentes niños me refiero, espero que este Pin Parental no siente un mal precedente en la educación de la joven sociedad española y Vox se resigne a retirar sus retrógradas exigencias a los centros de enseñanza porque también es del todo cierto que los padres, en casa, tienen la potestad, si a así lo desean, de rebatirle a sus hijos todo aquello de lo aprendido en el colegio que crean que no se encuentre acorde con sus principios éticos, estéticos, morales y espirituales. De manera que el Estado no restringe en absoluto este derecho si así lo desean.

zoilolobo@gmail.com

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