Onda corta

Recuerdo que cuando era niño y de eso hace ya mucho, allá en La Cuesta, como casi todas las familias del entorno, la mía ponía cada semana sus esperanzas en que nos pudiera tocar la quiniela, la de fútbol, claro está, pero en aquel entonces, para referirnos a ella, la mayoría utilizábamos otro sinónimo mucho más específico: pronóstico.

Muchas veces oí decir a mi madre: “tu padre ha ido a echar el pronóstico o los pronósticos”, dependiendo de la cantidad de apuestas que se hubiera permitido consignar. Sólo una vez en la vida tuvo la suerte de acertar un pronóstico. No significó gran cosa para nuestra precaria economía, pero con aquel dinero sí que mis padres pudieron permitirse el lujo de comprar algo de lo que aún por entonces carecíamos: una radio. Mobba, recuerdo que era la marca; y con onda corta incluida. La onda corta nos permitía escuchar de madrugada a la entonces llamada Radio Pirenaica desde la que emitía en español Dolores Ibárruri, La Pasionaria. Eso nos daba unas ciertas esperanzas que, desgraciadamente, jamás se materializaron. Sin embargo, mi hermano y yo prometimos guardar en la escuela ese único secreto que ambos compartíamos sobre las audiciones radiofónicas nocturnas de mi padre.

En la noche, la única habitación que compartíamos se iluminaba tenuemente del rojo que emitía el dial de la onda corta del modelo Mobba. Mi hermano y yo nos acercábamos lo suficiente como para poder leer en la penumbra el nombre de casi todos los países del mundo escritos sobre el cristal iluminado. Así llegamos a distinguir, que no a hablar, los distintos idiomas europeos más importantes (inglés, francés, alemán, etc.).

En pleno siglo XXI y especialmente en España, todo son pronósticos. Los diagnósticos sobre todo lo que ocurre en materia política y sanitaria, aún no se conocen al completo y ello nos lleva a intentar fiarnos en exclusiva de los pronósticos que los medios de comunicación aventuran en sus editoriales diarias. Mi padre hace unos sesenta años acertó con el suyo y ello nos permitió albergar unas esperanzas que llegarían demasiado tarde y para cuando mi hermano y yo ya teníamos formada una idea propia de lo que mi padre esperaba de aquellas alocuciones nocturnas desde Rumanía durante la dictadura del general Franco.

Las circunstancias por las que lamentablemente atravesamos, supone tener que emitir unos pronósticos nada alentadores. Nos encontramos sumidos en un modelo nuevo de moderna dictadura que no habíamos previsto hasta ahora y por cuyo motivo, como todos ya sabemos, hemos de sufrir confinamientos, privación de libertades, mascarillas obligatorias, etc.

Habremos de refugiarnos de nuevo y durante mucho tiempo en las nuevas esperanzas que nos conceda la audición en onda corta, con su dial rojo, de aquella radio de marca Mobba, emplazada en la mesilla de noche de nuestra única habitación posible en La Cuesta.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Artes y Bellas Artes

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