Observar sin ser visto

No es por presumir, pero a veces me sorprendo yo mismo de las dotes de observación que todavía conservo a mi edad. Y es que no perdono ni una y mucho menos cuando se trata de obtener referencias sobre lo que ya va quedando de la familia real española que, casualmente, se encuentra veraneando como cada año en Palma de Mallorca y donde, al parecer y para colmo de males, la infanta Sofía ha sufrido una inesperada caída que le ha supuesto cinco puntos de sutura en su rodilla derecha. Empezamos con mal pie.

Ya no sabemos con exactitud cuántos miembros componen, hoy por hoy, la familia real española toda vez que Urdangarín y su esposa, la infanta Cristina, prácticamente ya no cuentan, la infanta Elena se encuentra en paradero desconocido, el rey emérito se ha refugiado en Abu Dabi y la reina, siempre consorte, se plantea un divorcio que seguramente dará mucho que hablar y que los juristas aún no saben cómo, en caso de producirse, terminará siendo su papel en el seno de la monarquía. Solamente el rey Felipe VI y Doña Leticia, amén de sus dos hijas, cuentan para el gran público.

No tengo ni idea de quienes puedan ser los consejeros de lo que queda de la familia real, especialmente cuando uno de sus miembros sufre un accidente como el padecido por la infanta Sofía durante sus vacaciones estivales y cuyas imágenes se han visto divulgadas a través de los distintos medios de comunicación del país mientras trataba de mantener la compostura al caminar, ayudada unas veces por su hermana Leonor y otras valiéndose de una muleta para la que nadie, ni siquiera los facultativos de turno, le hubieran aconsejado su correcto manejo y que, sin embargo, yo, en el uso de mis facultades de observador empedernido, si pude advertir su error mientras la víctima, a falta de mejor experiencia, iba haciendo el ridículo intentando andar cuando lo correcto era apoyarse sobre el lado contrario del que lo iba haciendo hasta el momento. Es decir, la muleta ortopédica regulable sostenida por el brazo que se corresponde con la pierna lesionada del mismo lado para evitar que esta se apoye dolorosamente en el suelo.

Por eso insisto en la conveniencia de rodearse, siempre que se pueda, de buenos consejeros y observadores para tratar de no cometer torpezas de aquellas a las que la familia real nos tenía tan acostumbrados como, por ejemplo, la caza indiscriminada de elefantes, rinocerontes, tigres, o hasta la seducción sin límites de la que supuestamente hacía gala en Europa el otrora rey Juan Carlos I, con lo que curiosos empedernidos como yo no tendrían lugar de ser ni de estar donde no les llaman, pero que, sin embargo, nos colma de una gran satisfacción aunque, lo juro, no volverá a ocurrir.

zolilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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