domingo, julio 25, 2021

Mal empezamos

No me parece de recibo que la alta clase política, como algunos denominan a la que se desprende de las sólidas instancias del estado, no logre alcanzar acuerdos consolidados para tratar de obtener objetivos y compromisos que satisfagan a las partes implicadas entre los representantes catalanes y el gobierno.

El gobierno socialista ha aplicado una medida de gracia con la que los políticos presos catalanes no están en absoluto de acuerdo. Aún así, todos ellos han aceptado salir de prisión mediante unas condiciones que no aceptan ni siquiera estando en libertad, pero yo supongo que más vale pájaro en mano que ciento volando. Y de ese modo ya empezamos mal.

Si la amnistía es a lo que realmente aspiran, empecemos de nuevo a negociar el compromiso y no insistir en una medida de gracia que ya no ha sido aceptada de entrada por parte de los implicados y que por defecto se supone que no llevará a ninguna parte porque, como dice otro refrán castellano, lo que mal empieza mal acaba.

Si además de todo eso, los independentistas catalanes continúan insistiendo en que lo volverán a intentar, no habrá servido de nada que el presidente del gobierno, con todo lo que ello implica, haya dado el primer paso para tratar de evitar, mediante una renuncia  pactada en una mesa de negociación, la celebración de un referéndum sobre la independencia de Cataluña.

Al parecer, las autoridades catalanes se obstinan en ignorar lo que significa Cataluña para el resto de españoles o, mejor dicho y desde su punto de vista, para los españoles o, como por allí dicen, para los castellanos.

¿Por qué suponer que el resto de España no ama a Cataluña tan profundamente como la aman los propios catalanes? ¿Acaso no amamos a Asturias, Euskadi, Canarias, Andalucía, etc., etc.?

La ventaja de nuestro país radica, precisamente, en su idiosincrasia, sus distintas culturas, sus lenguas, su gastronomía y, ¿Cómo no?, también en su economía, su industria y su agricultura. En suma, en su diversidad.

Todo este argumento no trata explícitamente sobre el derecho o no que le asiste a Cataluña en tratar de alcanzar, a cualquier precio, su independencia del resto sino que, las razones que me asisten, los motivos van mucho más allá de las fronteras supuestamente ficticias y las banderas supuestamente también nacionalistas que flamean sujetas a todos los mástiles de madera que proporcionan nuestros frondosos bosques, además, y sobre todo, por el profundo amor que yo mismo he sentido siempre por Cataluña, a pesar de haber nacido en las Canarias a las que tampoco me siento obligado a olvidar.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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