Lengua vehicular

Para cualquier país su lengua es patrimonio también de su cultura

La lengua es el vehículo fundamental en el resultado de su propia literatura y en la comprensión de su historia.(Zoilo López).

Hay dos noticias distintas que a lo largo de esta semana me han llegado a preocupar mucho. Una es la que se refiere al estudio del idioma castellano en las escuelas como lengua vehicular y la otra es la inminente puesta en libertad de un asesino convicto y confeso como es Carlos García Juliá.

En cuanto a la primera, considero que para cualquier país, su lengua es patrimonio también de su cultura y un signo identificativo de su idiosincrasia como pueblo, por no decir que, asimismo, resulta ser un vehículo fundamental en el resultado de su propia literatura y en la comprensión de su historia. España resulta ser un país que por sus especiales características presume de tener en su haber otras distintas nacionalidades de otras tantas distintas lenguas: catalán, gallego, vasco, bable, aranés. etc., pero ello no es óbice cómo para que, de entre todas, no pueda elegirse una que sea común al resto y que por razones que ahora no vienen al caso ha venido siéndolo el castellano durante siglos, configurándose como lengua oficial del estado en compromisos diplomáticos, políticos, artísticos, etc.

Sin embargo, no me preocupa tanto el hecho de que en esas otras comunidades se intente abolir el destino que como vehicular tenía el castellano como el escaso compromiso que podría llegar a producirse por aproximar a los escolares a la literatura española que tanto nos caracteriza desde que El Quijote, por poner sólo un ejemplo, fuera impreso por vez primera para orgullo de las letras españolas. No olvidemos tampoco lo que produjo el llamado Siglo de Oro Español y durante el que tantos clásicos españoles brillaron por su excelente poesía, teatro, novela, ensayo, etc. Todo ello sin desmerecer, ni mucho menos, a aquellos otros excelentes literatos en sus distintas lenguas vernáculas como catalanes gallegos, vascos, etc.

Dos distintas generaciones, escritores y poetas todos ellos en lengua castellana, se dieron cita a lo largo de la historia literaria española: la conocida generación del 98 entre los que se encontraban, entre otros, Valle Inclán, Benavente, Blasco Ibáñez, Baroja, los hermanos Machado, etc. y la más cercana, la del 27, de la que podemos mencionar a Gerardo Diego, Salinas, Alberti, García Lorca, Hernández, etc. Literatos que marcaron un punto de inflexión en las letras españolas, cuyo legado continúa tan presente hoy en día como para no ser olvidado en las aulas en virtud de un acuerdo político llevado hasta las últimas consecuencias, hasta el punto extremo de desmerecer la importancia que ha tenido y continúa teniendo todavía una lengua vehicular y vigente de la que muchos pretenden ignorar su existencia  sin aceptar sus ventajas. No necesariamente en detrimento de las otras, sino como representativa de una mayoría hablada en el mundo por más quinientos millones de hispano hablantes.

Y añadir para terminar que ambas mentadas generaciones, surgieron a raíz de grandes conflictos políticos en la historia reciente de España. La primera, la del 98, con la pérdida de Puerto Rico, Cuba y Filipinas. La segunda, la del 27, antes y durante de nuestra guerra civil, en la que algunos de ellos salieron hacia el exilio, otros fueron encarcelados y algunos más vilmente asesinados por un régimen contra el que a su manera se enfrentaron: con la literatura.

Es precisamente por eso que del temible asesino de los abogados laboralistas de Atocha, Carlos García Juliá, preferiría referirme a su excarcelación prevista en otra ocasión porque hoy ya he tenido más que suficiente con los beneficios que, al parecer, pretende concederle la Audiencia Provincial de Ciudad Real.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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